domingo, 30 de enero de 2011

Battōsai redimido

Sabes, este es uno de los manga/animes más importantes que he visto. Con importante entiende nostalgia y genialidad. Por nostalgia hazte la idea de una época en la vida en la que todo era simple, como sentirse a gusto viendo –en dibujo animado- a un héroe blandir su espada por la justicia y creer que no hay más problemas que el lograr llegar a tiempo para encender el televisor a la hora justa. Por genialidad ten en cuenta a Nobuhiro Watsuki, creador de este simpático monstruo llamado Rurouni Kenshin, aka Samurai X.


¿No te parece? Es curioso pensar que todos tenemos algo de Kenshin Himura, el personaje principal, un vagabundo que busca redimir los pecados que cometió en el pasado -como el legendario asesino Hitokiri Battōsai- haciendo el bien en una era que promete traer consigo el equilibrio, la paz. Sin embargo, los fantasmas del ayer lo persiguen cuando pone su palabra en no volver a matar nunca más y busca establecerse al lado de Kaoru Kamiya, la chica de la historia, lo que hace creer que uno difícilmente puede tapar lo que fue, lo que es.
Y es que acaso ¿realmente se puede comenzar desde cero sin antes pagar algún tipo de peaje? Cada personaje trata de adaptarse a las circunstancias, de seguir su rumbo en sintonía con sus ideales (algunos trastocados sobre la marcha), y de hacer amigos sin importar lo que antes haya sido cada uno de ellos (aunque esto termine pasándoles factura una vez tras otra).
Te puedo contar que además de los interesantes combates, las fuertes relaciones que unen a los protagonistas y la buenísima historia que desarrolla Nobuhiro Watsuki, ambientada en los primeros años de la era Meiji del Imperio de Japón, el anime -a mi parecer- posee una impecable banda sonora y, obvio que también el manga, un ritmo que le deja espacio exacto a la comedia, el drama y, desde luego, a la acción (la pelea entre Kenshin y Saitō Hajime es increíble).

Algunas citas:

Kenshin Himura: ¿Oro? / Al final el tiempo fue el que decidió. / Puedes morir en cualquier momento, pero vivir requiere valentía.
Makoto Shishio: Los débiles son el alimento de los más fuertes. Esa es la ley de hierro de este mundo.
Misao Makimachi: La razón por la que lo busco es porque no hay forma de que me olvide de él. ¿De qué forma olvidar a la persona que más quiero y por la cual me preocupo puede llevarme a la felicidad?
Saitō Hajime: La palabra es como algo que se mastica, primero hay que degustarla en la boca.
Seta Sōjirō: Eso de no matar y de proteger al débil está mal, es una equivocacion, porque si fuera lo correcto, ¿por qué no estuviste en el momento y en el lugar en que te necesitaba? ¿por qué no me protegiste?
Kamiya Kaoru: Nunca vas a entender lo que se siente que te digan adios así, en la cara.
Megumi Takani: Tú nunca vas a entender lo que se siente que se vayan sin decirte adios.
Jin-e Kurogasa: Un hitokiri seguirá siendo un hitokiri hasta el día de su muerte.

PD: En estos instantes no puedo evitar relacionar a Kenshin con Tom Stall, el personaje que interpreta Viggo Mortensen en Una historia violenta… que interesante... mmm... Una pena que nunca pudiera comprarme toda la serie en japonés con subtítulos y que solo alcanzara a verla así hasta el enfrentamiento con Kurogasa (en idioma original es mucho más recomendable).

½ - Makoto Kawamoto / It's gonna rain - Bonnie Pink

viernes, 28 de enero de 2011

Canje

canje.
(De canjear).
1. m. En la diplomacia, la milicia y el comercio, cambio, trueque o sustitución. Canje de notas diplomáticas, de prisioneros de guerra, de láminas representativas de valores.


Sustituir un gran daño por otro es equivalente a realizar una transferencia de amor por amor. Es mal negocio pena por alegría, pero uno excelente sonrisa por melancolía. Sé bien que tu cariño no puede comprarse con soles, mas yo apostaría millones por la satisfacción de verlo a los ojos, cambiando el miedo por certidumbre o la pasividad por rebeldía. Así se puede efectuar un canje de razonamientos que logren explicar con algoritmos exactos las vueltas y frenos que hemos dado (hasta aquí), aunque eso no valga tanto como acelerar un trueque de seguridades, de caricias, de soledades... si tu confías, si yo confío... y seguimos (de la mano) caminando por la vida.

Canje - Mario Benedetti

Es importante hacerlo

quiero que me relates
tu último optimismo
yo te ofrezco mi última
confianza

aunque sea un trueque
mínimo

debemos cotejarnos
estás sola
estoy solo
por algo somos prójimos

la soledad también
puede ser
una llama.

Porque las cosas cambian - Enrique Bunbury

jueves, 27 de enero de 2011

Historia zombie

Eran dos chicos, hermanos ellos, dos chicas, hermanas ellas, y un tío que había sido militar. Vivian en lo que aparentemente era una formación rocosa que sobresalía del mar, incrustada a poca distancia de la playa. Sobrevivían empleando una especie de yate y entrando furtivamente en lo que alguna vez fue un próspero pueblo costero alemán, hoy convertido en jardín de zombies.
No me pregunten cómo demonios hacía mi inconsciente para entender el idioma o por qué rayos todas estas imágenes se citaron en mi cabeza anoche… Solo les puedo contar que en realidad suelo tener tipos de sueños en los que soy solo un mirón y en los que el guión y la espectacularidad son dignos de alguna producción hollywoodense…. Bueno… sigo, porque hay más.
Chico mayor quería con la chica mayor. Hermanos menores se apoyaban en los más grandes. Tío milico era el líder y les enseñaba al resto a sobrevivir. Hasta ahí lo típico. Algunas escenas de acción, algunas de romance… Tiempo después los muchachos se habían convertido en unos verdaderos maestros en el arte de enfrentar multitudes de muertos vivientes (a lo Lion Kennedy y Claire Redfield), pero… (siempre hay un pero en estas historias) la comida escaseaba y, a pesar de lo estratégica guarida con la que contaban, tenían que buscar un nuevo lugar para refugiarse… algo de esperanza y quizá más gente con la cual sentirse parte de una humanidad ya casi inexistente.
Tras conseguir un automóvil se adentran en Alemania buscando víveres y gente viva. Es así como el grupo conoce a una chica rubia, posiblemente ex policía (bien macha ella, sorry, pero no recuerdo su nombre) que, a su vez, era la cabecilla (me encanta esa palabra) de una banda de refugiados. Antes de llegar a su fuerte, que resultó ser un antiguo orfanato, nuestros héroes y cerca de una veintena de los hombres de la blonda terminan siendo emboscados por cientos de zombies, desatándose así una feroz pelea (carnicería sería el término más apropiado).
Una vez dentro del recinto, que estaba lleno de niños y niñas, los sobrevivientes deciden idear un plan para sacar a los pequeños de la ciudad y llevarlos hacia un lugar menos poblado antes del apocalipsis zombie (digamos, ¿Groenlandia?), pues estos “son el futuro de la humanidad” (tsss). La idea era distraer a los enemigos que se apilaron cerca del orfanato tras el enfrentamiento y conseguir un transporte lo suficientemente resistente y grande para alcanzar su meta. Entonces… me desperté.
Como hecho anecdótico: la versión zombie del esposo de la rubia, encarcelado en uno de los pisos superiores del edificio, fue enviado a mejor ¿vida? por uno de los protagonistas (chico mayor) luego de recibir las disculpas de su ¿ex? por retenerlo en dicho estado, pese a saber que con ello ponía en peligro a todos los critters.
Tal vez hoy, mientras duerma, pueda saber cómo acaba la historia.

PD: Sí, ya quemé. No, no me fumé nada antes de irme a la cama, solo vi un capítulo de la octava temporada de Two and a half men y ahora mismo se me viene a la cabeza un video instructivo sobre cómo sobrevivir a un apocalipsis zombie durante las festividades. Ah! también pueden ver cómo es que empiezan los problemas con los muertos vivientes.

Zombie - The Cranberries

miércoles, 26 de enero de 2011

Volver a empezar

Volver a empezar,
con los restos de un amor
como enemigo,
con el cadáver de tu beso
en mi boca,
con el aguacero de lamentos
irremediables,
es como darle
la mano a una soledad
tan desalmada
que acuchilla sin piedad
apenas uno le da la espalda.
Volver a empezar,
así, con prisa,
violenta y confusamente,
es como abrir el portal
de un cambio
que sabe mucho de consuelo,
pero nada sobre final feliz
bastante poco,
en verdad,
sobre hasta que la muerte
nos separe.

Lima, 20 de julio de 2010

Volver a comenzar - Café Tacuba

martes, 25 de enero de 2011

Chilcano

Chilcano pegó su nariz contra la ventana y pensó que habían demasiadas personas en la calle.
“Guau, guau, auuuuu”, le comentó a su dueño.
(Traducción: “A mí también me gusta la lluvia”).
Sebastian le acarició el pecho y le dio unas palmaditas en la cabeza. “El día en que te entienda voy a darte un hueso del tamaño de una casa”.
Interesante.
Chilcano sabe andar en dos patas.
Chilcano se sienta en el mueble.
Chilcano duerme sobre una cama (la de los padres de Sebastian cuando nadie se da cuenta).
Chilcano no cree que pueda llegar a hablar como humano. Chilcano cree que es un humano, pero no sabe por qué no puede decir ni una sola palabra.
Un día la hermana de Sebastian, Claudia, vio un programa policial y le aseguró mientras señalaba el televisor: “Ese es un animal, tu eres humano a su lado”.
Chilcano detesta al animal porque suele hacer mucho ruido. Tampoco puede figurarse por que se molestan con él cuando le ladra o por qué siempre se para en el mismo lugar.
“Guau, guau, grrrrr”, a menudo se pregunta.
(Traducción: “¿Será que entre personas no podemos entendernos bien?”).
Chilcano adora a Sebastian. Le encanta cuando lo mima o cuando le lanza la pelota.
Chilcano baila a menudo con Claudia. Le gusta el meneíto y la salsa cubana.
Chilcano se la pasa pensando en lo delicioso que debe de ser masticar un hueso del tamaño de una casa.
Rico.
Otro día, la mamá de Sebastian le gritó porque lo encontró mordiendo la pasta dental. Chilcano quedó contrariado y malhumorado.
"Ralp, ralp... mmm... ¡arf! ¡arf!".
(Traducción: "Yo solo quería cepillarme los dientes como hace Sebastian").
Sebastian encontró a Chilcano escondido debajo de la mesa del comedor. “Tranquilo perrito lindo”, le escuchó decir por primera vez. “Entiendo que estés confundido y sé que molesta que a uno le riñan, pero todo pasa. A los grandes hay que saber aguantarlos. Para eso somos familia”. Y le dio un pequeño y sabroso hueso.
Chilcano se dio cuenta entonces que era un can y no un humano, pero no le importó.
Chilcano descubrió que Sebastian podía entenderlo a pesar de que era un perrito y que, mejor aún, formaba parte de algo fantástico llamado familia.
“Guau, guau, ¡guau!”.
(Traducción: “No será un hueso del tamaño de una casa, ¡pero es mi hueso!”).
Chilcano cree ser un perro afortunado.
Hoy llueve otra vez. Mañana toca baño.

Lima, 10/24 de enero de 2011

PD: Se veía mejor en mi cabeza con todos los dibujos que iba imaginando mientras escribía, pero vale, ¿no? (Ya puse algo sobre un minino, ahora sobre un perrito... si me da el humor, creo que toca vaca).

Perro lanudo - Banda el Cerrito

domingo, 23 de enero de 2011

Finales felices

Poco después de que cumpliéramos un mes como pareja me dijo “lo siento, ya no puedo seguir siendo tu enamorada”. Fue atroz, como lo fue el previo “tenemos que conversar”. Cuando terminó de decirme la terrible frase, algunas lágrimas ya habían recorrido sus pómulos, luego me dio su justificación: “tengo un problema muy grande y no quiero arrastrarte conmigo”. Y le creí, porque no podía ser mentira y porque, al iniciar nuestra relación, lo había mencionado como parte del “fíjate en lo que te estás metiendo”.
En numerosas oportunidades me lo había hecho saber… Se le notaba triste, a pesar de los momentos grandiosos que podíamos pasar, a pesar de que a mi lado se pudiera sentir mucho más tranquila. Yo había aceptado andar con ella porque estaba convencido de que mi compañía la podía salvar y que mi ayuda la podría liberar de esa carga que seguramente la estaba asfixiando, pero no… aquél momento me destrozó el corazón: yo la quería, y ella a mí, como me lo anduvo repitiendo una y otra vez mientras me explicaba que todo aquello que le ocurría era más grande que los dos juntos.
Fue linda. Lo recuerdo. Su rostro diciéndome cosas tiernas, más allá del mal rato, destacando lo bueno de mi persona y recordando la forma en la que habíamos llegado a ser amigos y luego enamorados. Y le creí. Y mientras el dolor se apoderaba de todo mi yo, una idea se me quedó clavada en la cabeza, en la razón-sinrazón: “esta mujer vale la pena… no la quiero perder como amiga”. Así que lo acepté, triste porque sabía que no volvería a disfrutar de sus besos, pero contento –si puedo usar el término- porque entendía que iba a poder seguirla viendo y que, al mismo tiempo, no me iba a tratar como un perro. Ella no. Ella valía el esfuerzo.
Ese mismo día fui a buscarla al pie del edificio donde estudiaba inglés. Mi bobo era un nervio. Cuando la noté cerca, me sentí tranquilo, seguro de lo que iba a hacer. Ella me vio y se sorprendió muchísimo, más al ver que en mi mano portaba una rosa blanca esperanza. “Hola”, le dije, y si mi memoria no me falla, continué: “Yo sé que estás pasando por una situación muy complicada, así que yo no quiero ser una carga para ti… un problema… pero me gustaría estar allí si me necesitas, como novio, o como amigo. Y si me dices que podríamos estar más adelante, yo voy a esperar todo lo que haga falta”. La abracé. Nos besamos. Volvimos.
Cuando tenía 15 años mi primera enamorada terminó conmigo días antes de que cumpliéramos un mes juntos. “No sé exactamente qué es lo que siento por ti”, me soltó con lamento. “La hemos estado pasando muy bien, pero si seguimos posiblemente termines lastimado, y eso es algo que no deseo que pase”. Ok. Fue justo. Luego de hacer un versus de algunas palabras tiernas, la acompañé hasta su casa. “Esta es la última vez que nos vamos a dar un beso, que sea el de despedida”. Vaya niños que éramos, pero en nuestra inmadurez conveníamos un cierre de la historia lo suficientemente bueno para ambos. Dos semanas después, el balcón de la casa de un amigo fue el lugar en donde despejó sus dudas. “Siento celos cuando te veo con otra chica, algo debe de significar, ¿no?”. No tenía razones para no creerle, podía correr el riesgo. La abracé. Nos besamos. Volvimos. Tiempo después, se convirtió en una buena amiga. Supongo que cuando uno siente en una ruptura que la otra persona es sincera, vale la pena esforzarse por mantenerla cerca (o acabar bien, de la forma más madura posible), de una forma u otra, de lo contrario, conviene decir adiós, superar el duelo, y luego pasar a otra cosa.

My happy ending - Avril Lavigne

sábado, 22 de enero de 2011

Arigato

Hueles a noche
a hoy
a mañana.
Te llenas de dulce
y colores
y flores.
Miras, sonríes
con luces
con mares.
Me abrazas,
yo digo
te quiero,
tu dices
te quiero.
Contemplamos
nuestras esencias
y suspiro
y suspiras.
Eso es
lo que más deseo.

Lima, 13 de octubre de 2010

viernes, 21 de enero de 2011

Un capo Charly

¿Alguna vez oíste hablar de la política de los insectos? ¿no? yo tampoco. Los insectos no tienen política, no compasión, no compromiso. Yo era un insecto que soñaba que era un hombre, y lo amaba. Pero ahora el sueño se terminó y el insecto está despierto… te digo, andáte antes que se termine.

Charly García es un capo. Música. Letra. Actitud. CAPO. Puede llegar a ser como el golpe de gracia que te deja muerto sobre una cama vacía o la primera sonrisa que te regala el amor de tu vida. Puede ser una multitud de sensaciones o una simple idea, que evoluciona hasta hacerse compleja.

Pasajera en trance. Charly García es un capo.

Un amor real,
es cómo dormir y estar despierto

Un amor real
es como vivir en aeropuerto.


Sui Géneris, Porsuigieco, La máquina de hacer pájaros, Billy Bond and the Jets, Serú Girán tuvieron entre sus filas al más genial de los cantautores argentinos. Un tipo del que no sabía nada hasta que escuché Yendo de la cama al living, allá por el año 1996. El gusto fue inmediato. ¡Quiero más! Así que hurgando entre los cassettes que habían en mi casa encontré uno que parecía haber sido grabado usando un tocadiscos… Chévere… Siempre puedes olvidar, Llorando en el espejo e Inconsciente colectivo terminaron por convertirme en fan suyo. Y no es para menos…

Me siento mucho mejor. Charly García es un capo.

No razonar, desaparecer,
cuando tenías que estar, te echaste a correr,

lo que hiciste en mí, no tiene perdón,

y yo sé que me siento mucho mas fuerte sin tu amor.


Algunas canciones más a tomar en cuenta: Funky, Canción de dos por tres, Filosofía barata y zapatos de goma, De mí, Cerca de la revolución, Peluca telefónica, Yo no quiero volverme tan loco, Promesas sobre el bidet, Dinosaurios, Deberías saber por qué, Rezo por vos, Eiti Leda/Viernes 3 am... Provecho.

martes, 18 de enero de 2011

Vulnerabilidad

Alguna vez la chica del helado me preguntó sobre la mejor forma de olvidar un amor imposible y le contesté: “Francamente no tengo ni idea”. Y sí, no tenía idea, pero seguí: “Supongo que depende de cada persona, de las cosas por las que ha pasado, de las cosas que le están pasando y de las cosas que le van a pasar”. Antes de eso, yo había estado cerca de un año desquebrajado por una relación que no había funcionado y la aparición de mi amiga en mi vida me curó de eso. Fue como frescura inyectada en la vena de la alegría.
Siempre hay algo que te despierta, y una vez uno está despierto se está listo para avanzar… el problema de hacerlo es que en esos ajetreos el corazón se vuelve nuevamente vulnerable, porque –al menos me pasa a mí- nunca se empieza con alguien partiendo desde la desconfianza, sobre todo, si se ha conocido a ese alguien tiempo atrás… Lanzarse, en cierta forma, de cabeza, ante una nueva persona –si lo que se quiere es algo serio- es vital para empezar a conocerla y así comprenderla.
Salvo una relación amical de larga data, nadie se enfrasca en una aventura (aventura!!!) amorosa sabiendo cómo es el otro como novio/novia… entonces allí, en ese derrotero de nuevas experiencias, vale la pena sacarse las dudas conversando, llegar a acuerdos conversando, desterrar los miedos conversando… hacerlo todo conversando, porque solo el diálogo es capaz de hacer madurar algo que en principio creció desde una semilla… como una flor (sí, trilladísimo), hay que darle su tiempo para que florezca… de nada sirve arrancarla de raíz, cuando lo que se puede hacer es dirigir su crecimiento con paciencia y cuidado.
Si las cosas no funcionan, porque ese es el peligro que siempre se corre, el final también –en teoría- debería ser conversado. Si uno es consciente de que dio lo que pudo dar e hizo lo correcto, no hay por qué arrepentirse de nada, ni de lo que se dejó, ni de lo que se entregó. La base de toda relación es la confianza y hasta en esos instantes, en que la pena de ver partir al otro es grande, la confianza debe prevalecer… Si las cosas son claras nadie tendría por qué terminar sintiéndose mal o el malo, porque se obró desde un punto en el que se tomaron en cuenta los sentimientos de la otra persona.
Si ambos actores se entregan de corazón, si aceptan la vulnerabilidad del otro, están en condiciones de pensar precisamente en el otro, en cuidarlo, y así no habría porque tener miedo de salir lastimado, pero si uno afronta el reto desde una posición egoísta… entonces, es muy probable que el más entregado acabe dañado, y con el daño una herida terrible: pánico ante la idea de volverlo a intentar. PÁNICO, y la sensación de que algo debe cambiar en su corazón, algo cálido por algo frío, por ejemplo. No hay nada peor que no saber. No, perdón, si hay algo peor… saber que no se corrió el riesgo por miedo, inseguridad, por ese PÁNICO guardado, por una maricona incapacidad de dejarse llevar (cuando la pareja o probable pareja tenía la intención de sí hacerlo)… Eh, eh, eh… y hay otra cosa aún peor: entender que esa falta de compromiso se llevó consigo la posibilidad de vivir algo grandioso.

PD: Un video muy interesante (gracias Ángela) sobre el poder de la vulnerabilidad y algunos tips para (re)animarse (gracias Romina).

Vulnerable - Roxette

Silvio

Razón tiene Silvio Rodríguez cuando en Óleo de mujer con sombrero dice:

Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias,
se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.

Y desde luego la tiene también en Historia de las sillas al comparar los objetivos de vida con un camino lleno de muebles con los que uno puede ser tentado a descansar.
El trovador cubano tiene una frase buena para cada momento y es capaz de tocar el corazón del mundo con sus composiciones. Es la voz.

Hallazgo de las piedras, por ejemplo:

Ya descubrí los ascensores,
los cines y las construcciones,
la fosforera y el avión;
y otras cosas que conozco bien,
que cuando niño no sabía observar.
Entonces no necesitaba:
con los juegos siempre basta
para comprender.

Eso es todo. Tenía que poner algo de Silvio en este instante que escucho Ojalá:

Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.

Algunas recomendaciones: Hoy mi deber, El sol no da de beber, Canción en harapos, Réquiem, Por quién merece amor, Quien fuera, Te conozco, Solo el amor, En mi calle...

lunes, 17 de enero de 2011

Dragonauta

(o Visto cola de serpiente en noche de estrella)

Los dragones han muerto, ya no queda alguno, aunque yo a veces pueda verlos volando sobre la cabecera de mi cama. Parece que ellos están allí, esperando por algún hechizo que les devuelva el corazón que perdieron en sus antiguas batallas.
No eran los seres abominables que nos pintan las leyendas, por el contrario, siempre sacudieron sus garras y afilaron sus alas en busca de una esperanza, mas si la alcanzaron no importa, pues fue el hecho lo que les dio fuerza y hoy, aunque nadie los recuerde tal cuales fueron, siguen naufragando en un cielo rojo fuego o en piruetas sobre un mar azul terciopelo para terminar encantando mis memorias con una delgada sonrisa.
Aún recuerdo cuando era dragón. Prácticamente bostezaba todo el día... y era feliz. Cuando no dormía comía... y era feliz. A veces volaba... y era feliz. Todo el tiempo soñaba... y era feliz. A menudo la imagen se impregna de melancolía, pero es obvio esperar tal emoción, después de todo era feliz siendo dragón, aunque ignorara que mis uñas valían mil dragmas, o que de mi piel se hacían bellos abrigos, y que el polvo de mis huesos era un cómodo ingrediente cosmético.
Me gustaba ser dragón, porque la libertad de andar a gusto es una maravilla que muy pocos se pueden dar el lujo de alcanzar, sobre todo, si no existe la voluntad de decirse a uno mismo “tengo que dejarme llevar”. Me gustaba ser dragón, insisto, aunque lamentablemente nunca faltaba alguien que matara dragones. “El valor, la fortuna, la gloria”, por allí diría el caballero, “es cruel, es malo, quema aldeas, mata niños”, pero yo solo soñaba, volaba, comía o dormía.
Me hubiera encantado seguir siendo dragón, plateado, para ser preciso, como el destello de un arma justa o de una fantasía de prosperidad sempiterna, pero hoy solo debo conformarme con ser uno de los pocos que les tenga presente y añorar aquél tiempo en que se era feliz siendo tan poco.

Caballeros, pero no dragones,

tal vez lleguemos para Marzo.

Lima, 25 de febrero de 2002

Si volvieran los dragones - Joaquín Sabina / Fito Páez

domingo, 16 de enero de 2011

Van y vienen

Una ilusión permanente
se pasea sobre los estados de ánimo.
Algunas veces se acercan los extraños,
a redimir sus distancias
con historias o aleluyas,
y sin darse cuenta destruyen
la monótona seguridad de una vida.

Otras veces se aproximan
cautas, imposibles,
y sin quererlo,
las antiguas esperanzas
de las sonrisas compañeras
como si no les hubiese bastado
quedarse con un pedazo de recuerdo
o minimizarlo
olvidando el esplín,
echándose a andar sin despedir
la amistad altruista del orgullo.

Sería bueno,
en todo caso,
mirar hacia atrás un día
y dar fe que nunca nos quedamos
con los quizáses,
mas sí con los intentases.

No.
No vale la pena ser tan cursi,
cuando alrededor arden los sueños,
consumidos por la incomprensión
de algún insignificante despertar.
Cuando mueren las apologías al paraíso
desterradas por haberse pervertido
comiendo una fruta
llamada adultez.

Sí.
Sí vale la pena ser tan cursi,
desgarradoramente cursi,
cuando la velocidad del mundo
se detiene en la mirada de la Luna
y la relación entre felicidad y los otros
es directamente proporcional
al sacrificio,
a la virtud,
y a la experiencia compartida.

Lima, 13 de abril de 2006

Live and let die - The Beatles

sábado, 15 de enero de 2011

Cara oscura

Había olvidado lo fácil que es ilusionarse y lo conveniente que es asegurarse con un corazón frío.
Mi amiga me escuchó atenta, triste, como si algo también se hubiera apagado dentro suyo, pero se terminó de convencer. Eso fue todo. "Se te veía tan feliz", pudo haberme asegurado, pero en lugar de una frase que exaltaba una situación pasada, eligió otra más útil: "Al menos aprendiste a no confiar tanto en la gente".
-Es increíble, unas dos horas antes estaba con un grupo de personas, hablándoles de lo contento que me encontraba. Tenía mi mochila cargada de detalles... música, incienso, velas... cojudeces que pensaba compartir con ella...
-No son cojudeces...
-Lo son si al final no te sirven para nada o te terminan recordando lo románticamente idiota que puedes llegar a ser.
La conversación fue larga, pero la conclusión bastante puntual: "Es simple ver el lado brillante de la Luna, pero a veces olvidamos que tiene dos caras y una de ellas es oscura". No todo es bueno, no todo es completamente malo, sin embargo, hay algunos que se empeñan en inclinarse más por un costado que por el otro... y dañan, adrede o sin saberlo.
Como diría Calamaro: "No cometas el crimen varón si no vas a cumplir la condena". Toda decisión trae consigo una consecuencia. Si hay que tomar una, hay que hacerlo con la seguridad de que lo que hacemos es la mejor opción. Y si no sabemos explicarnos por qué la tomamos... bueno... bueno... ya se acerca febrero.

Usted abusó - Celia Cruz / Willie Colón

lunes, 10 de enero de 2011

The dance

Solía despertarme, allá por el año 1998, escuchando Doble9. Un día, tratando de dejar los dominios de Morfeo, me levantó como balde con agua una canción:

Don't say that you love me!
Just tell me that you want me!

Era Tusk, de Fleetwood Mac, un grupo que ni por casualidad se me hubiera ocurrido oír a través de tu radio rock en Lima, pero era cierto... "¿Fleetwood Mac? ¿en serio?", pensé. "Es verdad, era Fleetwood Mac"... al día siguiente, misma hora, mismo canal... tres al hilo de lo que parecía ser un concierto: Go your own way, nuevamente Tusk, y la magnífica Don't stop.

Don't stop, thinking about tomorrow,
Don't stop, it'll soon be here,
It'll be, better than before,
Yesterday's gone, yesterday's gone.

Averigüé un poco más: el disco se llamaba The dance, y era la grabación de un concierto brindado por la mejor formación del grupo británico (Lindsey Buckingham, Mick Fleetwood, Christine McVie, John McVie y ¡Stevie Nicks!) reunida por primera vez desde 1987.
La primera canción que escuché de Fleetwood Mac fue Dreams y la segunda Little lies que formaban parte del Greatest hits que un día cayó en mi casa, como alguna vez cayó también el Euforia de Páez o el A night at the opera de Queen. Sin embargo, no fue hasta el The dance que mi cariño por esta banda se hizo más sólido.
Éxitos como Lanslide (conmovedora al extremo en la voz de Stevie Nicks), Big love (interpretada genialmente por Buckingham), Rhiannon, Say you love me, y la canción que motivó este post, You make loving fun, se refrescaban así, en vivo.

I never did believe in miracles,
but I've a feeling it's time to try.
I never did believe in the ways of magic,
but I'm beginning to wonder why.

Si quieren saber más de Fleetwood Mac, pueden meterse a su página web oficial, XD, mientras ponen de fondo Bleed to love her, una de las mejores (a mi modesto parecer) del The dance, o Hold me.

domingo, 9 de enero de 2011

Besar

besar.
(Del lat. basiāre).
1. tr. Tocar u oprimir con un movimiento de labios, a impulso del amor o del deseo o en señal de amistad o reverencia.
2. tr. Hacer el ademán propio del beso, sin llegar a tocar con los labios.
3. tr. coloq. Dicho de una cosa: Tocar a otra.
4. prnl. coloq. Dicho de una persona: Tropezar impensadamente con otra, dándose un golpe en la cara o en la cabeza.


Calma. Siente. Explota. De ganas de seguir impulsando el ánimo y extraer del prójimo una energía radiante, que gustoso la ofrece a cambio de amor u atención, pues un ósculo puede ser un golpe que avisa cariño, una revolución multicolor, la banda sonora de un instante memorable. Desde luego que hay tipos y tipos, como estaciones, árboles u omisiones. De padre a hijo, de hijo a padre, de madre al alma, de novia a chico, de chica a novio, de extraño a extraño. Aquél que solo es eso, un beso, únicamente deja la calentura, que también vale como momento grato, más nada como el que se guarda en la memoria, ese que no solo toca la piel de otro, sino el corazón, el cerebro, su mundo entero, porque es ofrendado desde una dulzura largamente atesorada y se convierte, de un momento a otro, en perfecta realidad.

La magia de tus besos - Grupo Niche

jueves, 6 de enero de 2011

Azar y elección

Eres lo que eres
a Dios gracias,
y yo lo que soy,
gracias a ti.
En esta amalgama curiosa
de almas impares
ahora somos ambos
como uno
gracias a la vida
que es corta,
a diferencia de esta sensación
de calma, de prudencia.
Somos, digamos,
dos elementos,
unidos por el azar,
mas juntos
porque nos da la gana,
gracias,
para ser más exactos,
al buen humor de nuestras causas,
a la maldición reconocible
de un beso que deja huella,
y a la pulcritud inigualable,
de dos corazones
ahora serenos y (re)animados.

De mí - Charly García / Mercedes Soza

miércoles, 5 de enero de 2011

Brand new year

Todo es nuevo... para empezar el año, fresco, como rocío... que trae consigo una gama de posibilidades de redención y de progreso... el 2010 se fue como se va la angustia cuando uno encuentra razones para ser feliz... y eso, que cuesta millones de sonrisas, vale la pena ser gritado a todo pulmón y a los cuatro vientos. Para mí fue uno de los peores años de mi vida y también, casi al extinguirse, uno de los mejores, porque logré recaudar la suficiente fuerza para seguir y darle razón al dicho que al final todo depende de uno y porque, sin buscar, encontré un corazón dulce que late sincerísimo.
Amé. Odié. Lloré. Reí. Viví, que es lo importante. Como Uds. que seguro tienen mil y un historias que recordar, cosas que olvidar y otras tantas que contar entre copas y amistades sinceras.
Los planes, a reforzarlos, a pulirlos, a ponerlos en marcha. La tristeza, atrás, a superarla con todo lo que uno pueda tener de arma, y reemplazarla por una oportunidad de crecer aprendiendo.
En fin, tardé, pero va: Feliz Año Nuevo 2011.

Un año más - Mecano (acepto sugerencias x_x)