sábado, 29 de diciembre de 2012

Como diría Víctor Hugo...

Une fée est cachée en tout ce que tu vois
(Un hada está escondida en todo aquello que ves)

PD: Le poète au calife (Les orientales)

Un hada, un cisne - Sui Generis

jueves, 27 de diciembre de 2012

Las aventuras de Hushpuppy

Vale la pena darse un tiempo (92 minutos) para disfrutar de Beasts of the southern wild (Bestias del sur salvaje), una cinta dirigida por Benh Zeitlin que fue distribuída comercialmente a partir de su exitoso paso por diferentes festivales internacionales.
Es loca, extraña y conmovedora.
Todos los aplausos para la pequeña Quvenzhané Wallis. que hace el papel de Hushpuppy, una niña de seis años que vive en un lugar aislado del resto del mundo y que es criada por su padre para ser fuerte y poder valerse por sí misma.
Durante el vaivén del relato se confunde la realidad y la fantasía, hasta un punto en el que el espectador cree en el universo que se presenta en la imaginación de la infante y sus extravagantes compañeros.

martes, 25 de diciembre de 2012

Je veux

Je veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur ♫



Esta canción me pone de buen humor. ¡Es Navidad! Así que vale más aquello que nos ponga contentos... un vino, una película, música interesante... si se puede, abrazar, abrazar y abrazar a todo aquél que se tenga al lado y se quiera, porque es lindo cuando se da y se recibe cariño, sobre todo, en estas fechas, ¿no?
Bon courage et joyeux Noël!

domingo, 23 de diciembre de 2012

Matrimonio

"Para olvidar, las mujeres odian, se encargan de recordar las cosas malas, sepultan al tipo con el que estuvieron", me dijo hace unos instantes uno de mis roomates, como la conclusión lógica de una conversación iniciada a partir de una de mis observaciones, no sé si la más acertada: las mujeres latinas, por lo general, terminan enganchándose en Europa con un local, no porque quieran al sujeto, sino -aparentemente- por la seguridad que este les pueda brindar. Y Mariano comenta; "Y viven una vida en la que todos los días son iguales", y yo añado: "Descontentas, porque su novio es frío, porque no las llena, porque tiene una forma diferente de ver el mundo, frustradas porque confunden agradecimiento con amor verdadero". Pero esto no es solo algo que pase con las chicas que viajan, pues pasa en todos lados, entre paisanos y entre extranjeros, en el país de origen o fuera de casa. Es, como lo escribí antes, el amor inmaduro -que define Fromm, "te quiero porque te necesito"- o, de alguna forma, la necesidad de beber agua en medio del desierto.
Honestamente no creo en el matrimonio. Lo que yo creo es que dos personas pueden ser eternamente felices si es que se comprometen el uno con el otro, y para eso no es necesario casarse... que el matrimonio pueda ser una especie de ritual que confirme ese vínculo, bacán, pero no es garantía de felicidad eterna, por el contrario, mucha gente lo utiliza de excusa para mantenerse amarrado a un tipo o tipa, así ello no les llene de alegría, como una especie de aceptación de lo malo, como si fuera una condena a cumplir o un contrato firmado con sangre.
Recuerdo con singular atención una de mis últimas conversaciones con una de mis mejores amigas, Johanna, en la que me comentaba lo bien que se sentía respecto a no encontrarse casada con cualquier hombre, solo por el hecho de tener que hacerlo para callar los gritos externos. "Porque si lo vas a hacer tienes que asegurarte de que el pata sea EL pata", algo así. Entonces, mientras tanto, a disfrutar la vida hasta que llegue el indicado, aquél que mueva el piso y valga la pena, aquél que nos quiera por lo que somos y no por el contexto que le ofrecemos, que me quiera -digo- porque uno es Diego Grimaldo y no Diego Ramírez, o Diego De las Casas o Brad Pitt, porque uno es único e irrepetible, con sus defectos y virtudes.
Alguna vez, ¡cómo no!, estuve brutalmente enganchado a una mujer que malinterpretó y pensó que le estaba, como decimos los peruanos, "marcando" y que mi deseo era que no saliera con nadie más que conmigo, dejando a sus amigos de lado, algo que no era para nada correcto. "Tú no estás casado conmigo", me increpó bobamente. "¿Y si lo estuviéramos? ¿tendría el derecho de prohibirte cosas?", le pregunté extrañado. "Sí", contestó. Vaya, vaya... para ser franco, dudo que algo así pueda ser beneficioso en una relación: el poder de limitar a alguien a partir de un papel, pues nadie debería tener ese derecho. "Si yo te pidiera algo así, deberías terminar conmigo, porque eso implicaría que soy un idiota, ya sea que estuviéramos casados o no, y nadie debería querer construir su vida junto a un idiota".
Hace un tiempo tuve un diálogo, de esos que sorprenden, con una persona que había hecho su vida fuera de su país de origen y que estaba casada con alguien de la nación que le acogió. Recuerdo que, entre lágrimas, me contaba que había visto días atrás al ex que consideraba como el gran amor de su vida... y yo me pregunto... ¿si es así, por qué está con otro tipo? "Los hijos, la vida... las responsabilidades... una se siente sola... uno extraña abrazar". Bueno, lo ideal es buscar ser feliz siempre... de lo contrario, se corre el riesgo de andar, día tras día, como un zombie, sin pensar, solamente funcionando, cual robot, y está claro que no somos máquinas, porque lo peor es ponernos excusas para no ser felices: "los hijos, la vida... las responsabilidades". Hay que arreglarlo, de alguna forma, porque, finalmente, eso de la frustración se transmite al igual que la alegría.
"Es curioso que esta persona haya esperado cerca de diez años para darse, al menos, la oportunidad de hablar con 'el gran amor de su vida'", le comenté en principio a Mariano. "Para olvidar, las mujeres odian, se encargan de recordar las cosas malas, sepultan al tipo con el que estuvieron, así tengan que transformar todo lo que pasaron juntos, destrozar la realidad", me explicó, y creo que funciona también con algunos hombres, eh. Y luego de un tiempo, cuando miran atrás y se dan cuenta de lo que perdieron por no intentar, por aferrarse al sentimiento de negación, cuando ven que el polvo levantado durante años de caminata se ha asentado, se estrellan contra mil y un cosas:  "los hijos, la vida... las responsabilidades... ¡el matrimonio!". De pronto, ya no creen en el amor (si es que en algún momento creían que creían en él), sino en lo más conveniente, pero una cosa es vivir y otra resignarse a un destino que tranquilamente puede ser cambiado con algo de resolución.
La seguridad no la da un papel, sino la experiencia y la confianza ganada a punta de sacrificio y de amor; y la felicidad no es poder verse rodeado de un millón de cosas materiales super chéveres o que el mundo entero crea que se está dentro de una relación perfecta. La felicidad está llena de alegría, no de sumisión y frialdad.

PD: No creo en el matrimonio, pero no dejaría de casarme con alguien que sí crea en él y que, previamente, me haya demostrado compromiso, ¡chan!

A pedir su mano - Juan Luis Guerra

viernes, 21 de diciembre de 2012

Scott Pilgrim vs The world

Divertida. Rara. Divertida.
Un triángulo amoroso. Muchas peleas en tecnicolor. Siete exnovios siniestros. ¿Qué más se le puede pedir a una película? Desde luego, ¡Ramona Flowers! ¡Y está!
Basada en la excéntrica y entretenida serie de novelas gráficas del canadiense Bryan Lee O'Malley, Scott Pilgrim, la película narra las aventuras del ¿buen? Scott y su lucha por conquistar el amor de Ramona, literalmente, la chica de sus sueños. Para ello tiene que enfrentarse a las antiguas parejas de la chica en un mundo cargado de referencias a videojuegos, cómics, música, y lleno de un sentido del humor tan inteligente como irreverente.



PD: ¡Ja!
-Break out the L word.
-Lesbian?
-The other L word.
-Lesbians?

martes, 18 de diciembre de 2012

El lobo feroz

¿Qué problema podría tener un lobo? Quizá desearía volverse vegetariano porque todos los animales del bosque creen que es malo y se asustan al verlo, pero, la verdad, no es que sea malhumorado, es solo que a veces tiene hambre y, bueno, un lobo come carne.
“¿Qué problema podría tener un lobo?”, se pregunta Feroz mientras ve su imagen reflejada en un charco. “El bosque entero me respeta porque (prácticamente) estoy en la cima de la cadena alimenticia”.
Feroz camina por su territorio con garra.
“Hola lobo”, le saluda la serpiente, que de inmediato se esconde bajo unas hojas secas. “Hola lobo”, le expresa el águila, quien de inmediato alza vuelo para ponerse a salvo con ayuda de la distancia.
 “¿Qué problema podría tener un lobo?”, se vuelve a preguntar Feroz, y luego piensa sobre lo genial que debe de ser tener a alguien con quien conversar. En ese momento, como si el destino hubiera escuchado sus cuestionamientos, entre el pasto y las últimas luces del día, ve a un conejo recolectar zanahorias, ocupado, yendo de un lado hacia otro, y se le acerca para plantearle su dilema.
Conejo está hecho de carne. Los lobos comen carne. Así que al verlo aproximarse, el pequeño dientudo parte en carrera, como si su vida dependiera de ello. Y vaya que así podría haber sido.
Feroz se entristece. ¿Acaso no se dio cuenta de que no quería hacerle daño? Las apariencias engañan: nadie puede saber con qué intenciones se avecina un lobo si es que estas no se manifiestan claras como el agua del río.
Feroz decidió tener un segundo encuentro con Conejo, así que esperó su vuelta, ayudándose por su olfato y por un intrincado sistema de casualidades que suelen presentarse en un cuento, escondido tras un frondoso arbusto. Horas más tarde, al verlo llegar, lo persiguió hasta darle alcance arrinconándolo contra una zona rocosa.
Al saberse atrapado, Conejo infló el pecho y dijo; “He comido arroz y coliflor. He visto el atardecer más bello de mi vida. No tengo nada de qué arrepentirme”. Feroz contempló a Conejo con sorpresa y luego su rostro cambió a modo respeto.
-Eres digno de respeto -le explicó, precisamente. La verdad es que no voy a intentar hacerte daño, pues solo quiero hacerte una pregunta: ¿Qué problema podría tener un lobo?
Conejo se quedó perplejo. Entonces miró fijamente a Feroz y se dio cuenta que su captor se sentía solo e incomprendido.
-Una cosa es que te respeten porque te quieren y otra porque te temen –le contestó, apelando a toda su sabiduría conejil. Si alguien te teme, escapará apenas tenga la oportunidad, pero si te quiere, hará lo posible por mantenerse siempre a tu lado.
-¿Cómo podría hacerse querer un lobo? -lamentó Feroz. El bosque entero me respeta por temor, porque (prácticamente) estoy en la cima de la cadena alimenticia. ¿Acaso debo volverme vegetariano?
Conejo sabe que eso último es imposible, porque difícilmente se puede luchar contra el instinto.
-No puedes negar lo que eres –le explicó. Solo ten paciencia, que seguro encontrarás pronto a alguien que te respetará y te querrá tal como andas y comes.
Feroz se alejó de Conejo prometiéndole que nunca le haría daño por respeto y cariño. Tiempo más tarde, conoció a una linda lobita con la que se comprometió y tuvo tres tiernos lobeznos.
Conejo lo respeta y lo quiere porque nunca rompió su promesa. BFF

París, 17 de diciembre de 2012

Lobo domesticado - Tommy Olivencia

jueves, 13 de diciembre de 2012

Bitácora de un gato en París: ¿Qué es la felicidad?

¿Qué es la felicidad? Ahora que lo pienso, francamente, no tengo ni idea. Y es mejor así, porque la felicidad no se reflexiona, se goza. Quizá sea esto que siento en este instante, pero no... la felicidad ha sido ese otro instante, el de hace un rato, en el que no me percaté que, precisamente, estaba siendo feliz. Ha sido ese otro instante en el que no me di cuenta que dos semanas de esfuerzo -y quizá más tiempo que ese- habían terminado con dos exposiciones, una en inglés y otra en el idioma local, ambas buenas (según creo), porque gocé ese instante, porque me hizo sentir el ser más exitoso del mundo, por más que ahora, que lo reflexiono, sepa que esto de estar en París estudiando (porque estudiar es mi prioridad) aún empieza, pues los finales del semestre académico están a la vuelta de la esquina.
Cuando llegué a Francia y tuve mis primeras clases, pensé que todo iba a ser complicado... la soledad, el extrañar y lo duro de la experiencia me hacían creer ello, y hoy, con todo lo que he avanzado, hay una luz al final del túnel que me hace confiar en que luchando la puedo hacerla linda, que hay que pelear hasta quemar el último cartucho.
La felicidad hoy fue que una argentina, con la que expuse en inglés, me dijera "se te ve relajado" antes de empezar nuestra presentación (y que parecía que tuviera 23 años XD), o que una francesa, quizá la mujer más linda que he visto en mi vida, me sonriera mientras esperaba mi turno para hablar en su lengua natal frente a un salón repleto de sus paisanos, y que luego, con la confianza del que está alegre, me le acercara y escuchara salir de sus labios: "se te entendió. Fuiste claro. Me gustó lo que dijiste más que lo que explicaron otros integrantes de tu grupo". Y voilà, la felicidad fue luego despedirme de ese mismo grupo, entre risas, y que me deseara unas buenas vacaciones, o después, cuando caminaba, fumando un cigarrillo, hacia la estación Rue Monge y me daba cuenta que estaba a un paso de Las Arenas de Lutèce. La felicidad, fue, por extensión, correr allí como un loco, jugando como un niño a hacer la de Rocky en sus gradas, y terminar en una de sus bancas, satisfecho, donde en estos momentos escribo estas líneas y reflexiono, y pienso que hace poco más de un mes estaba en este mismo lugar sintiendo que no iba a poder con la universidad, que estaba solo y que me urgía desesperadamente un abrazo, así me lo diera un fantasma o cualquier outsider.


La felicidad, ¿qué es? Ahora que lo pienso, francamente, no tengo ni idea, pero eso poco importa, pues lo verdaderamente importante es solo este instante, en el que la sonrisa aún está congelada en el rostro, como prueba de que se gozó con ganas... y luego seguir, avanzar, sacarse la mierda para poder volver a tener momentos intensos y gratificantes sin saber que se les está viviendo hasta después de mucho rato, hasta que llega la calma que antecede a la vida que avanza.

Sentirme vivo - Gianmarco

sábado, 8 de diciembre de 2012

Bitácora de un gato en París: Nieve

Cayó la nieve. Por primera vez en lo que llevo en este país europeo tuve la oportunidad de saber qué se siente despertar y ver todas las calles blancas, como si el cielo se hubiera volcado sobre ellas y lo dejara todo cubierto de nubes y algodón. Fue bonito. Me dicen que por ahora me va a gustar cuando ocurra, pero conforme vaya sufriendo sus estragos -digamos, el frío extremo- voy a empezar a odiar su caída.


Mientras dure la alegría, bacán.

PD: Hace uf escribí algo sobre la nieve. Por cierto, hasta ahora he soportado -2 grados sin calefacción... casi como un vikingo (bueno, nunca tanto).

Fuego de noche, nieve de día - Ricky Martin

domingo, 2 de diciembre de 2012

Populaire

Lllamativa es la entrada con la que Premiere inicia su crítica a una de las películas que, a mi opinión, es una de las más frescas que se han hecho en los últimos meses: "My Fair Lady rencontre Rocky" ("My Fair Lady encuentra a Rocky"). Populaire, de Régis Roinsard, cuenta la historia de Rose Pamphyle, una carismática chica que, luego de convertirse en la secretaria de Louis Echard, el director de una agencia de seguros, es convencida por este último a participar en un concurso de mecanografía dadas sus notables destrezas en dicha materia. Ella es, digamos, como un diamante en bruto que poco a poco Louis irá perfeccionando y al que, poco a poco, irá queriendo por su forma de ser.




Es divertida, es fresca, es linda. Lo mismo para la actríz que interpreta a Rose, Déborah François. Ambientada en la Francia de los años 50, Populaire es una cinta que vale la pena verse, no solo por lo rica que es, visualmente hablando, sino porque engancha y genera nostalgia (de entrada parecería que se está a punto de presenciar un capítulo de Mi bella genio o Hechizada).
Personalmente, me quedo con una frase soltada sobre el final -en inglés- por el mejor amigo de Louis: "America for the business, France for the love", porque sí. Disfrútenla.