martes, 26 de abril de 2011

La vaca lechera

No tiene ganas de hacer nada esa vaca. Va de un lado a otro paseando su modorra. Come. Muge. Come. Muge. No brinda ni un octavo de litro de leche. Su dueño quiere aprovechar su carne para hacerse una hamburguesa.
Connie, la vaca, come, muge, come, muge. No tiene ni idea de qué le pasa al ganado cuando no es útil más que para servir de alimento. En realidad no tiene idea de nada: es una vaca. Come. Muge. Come. Muge. La vida es simple. Lo simple le hace feliz. Felicidad de vaca.
“Todos tenemos que ser útiles para algo”, le dice el dueño de Connie a Gabriel, su hijo. El hijo piensa que Connie no es tan lechera como debería ser una vaca, pero la estima porque no le hace mal a nadie. La vida es simple. Lo simple hace feliz a Gabriel.
Cuando tiene tiempo, entre el colegio y sus obligaciones en la casa, Gabo sale a pasear por el campo. Verde. Fresco. Sol. Paz. Suele deleitarse entonces de un buen pan con queso y mantequilla bajo la sombra de algún árbol. “¿Por qué habría de ser malo disfrutar de un momento tan poco acelerado?”, no es algo que podría pensar Connie, tampoco Gabriel. Dejarse llevar a veces suele ser mejor que pensar tanto. La felicidad no se reflexiona, se goza.
No tiene ganas de hacer nada esa vaca. Es hora de convertirla en hamburguesa. El dueño de Connie no quiere seguir invirtiendo dinero en alimentar a una vaca que no da leche.
Gabriel espera salvar a la vaca de alguna forma. En su inocencia cree que podría raptarla algún defensor de los derechos de los animales o que sería fácil ocultarla entre los corderos disfrazándola de oveja. Piensa que sería buena idea que aprendiera a cuidar la casa como Chilcano, el perro de su mejor amigo, o que fuera tan independiente como el gato de Alexandra, su prima.
Vueltas y vueltas dan las ideas en su cabeza mientras el tiempo transcurre y Connie disfruta de la vida, que para una vaca es divertida y simple, como la única salida que finalmente encontró Gabo para ayudar a su moteada compañera: decir lo que siente.
El papá de Gabriel aceptó no convertir en hamburguesa a la vaca porque quiere demasiado a su hijo como para hacerlo sentir mal. No era tan inútil como él creía: le generaba simpatía a un ser amado.
Después de algunos meses, Connie tuvo dos pequeños terneros y empezó a producir leche.
Come. Muge. Come. Muge. La vida es simple. La simple hace feliz a una vaca... ¿qué te hace sentir feliz a ti? ¡Muuuuuu!

Lima, 25 de marzo de 2011

PD: Lo prometido es deuda. Pueden revisar también el mundo explicado por vacas. ¡Ah! Le puse Connie a la vaca porque hay un dibujo que se llama así.

La vaca - Mala fé

sábado, 23 de abril de 2011

November rain

Algo así... no solo llueve en noviembre.



¿Como es que quedan algunas imágenes en el subconsciente?, aún cuando parece que las hemos olvidado, regresan a partir de algunos colores, sabores o melodías. No me había dado cuenta de que hoy era hoy hasta que me desperté. Soñé que reíamos, que éramos amigos, que estábamos más cerca que nunca y sin máscaras o dudas... luego llegó la mañana con flores en la cabeza. "Qué raro", y entendí, 23 de abril, "que fea tontería". Me pareció loquísimo que algo dentro de mí lo traiga acoplado aún sin que tuviera idea de ello. Lo más probable es que dentro de poco tiempo desaparezca por completo todo rastro de melancolía hasta del rincón más caleta.
Lo bueno de hoy es que recibí una noticia alentadora: mi perrito puede que tenga una oportunidad de curarse de la enfermedad que tiene... más noticias sobre eso en breve.

martes, 19 de abril de 2011

Jouer au chat et à la souris

Jugar al gato y al ratón nunca me ha gustado. A mí me agradan las cosas claras, las personas que son capaces de decir lo que piensan de frente, más allá de la respuesta, las personas que tienen el valor de pedir disculpas sin excusas. Eso he pensado siempre, pero, por esas cosas de la vida, a menudo -como todos, creo- me la he pasado detrás de gente indecisa, por ejemplo, o gente que no sabe lo que quiere, o gente que miente para quedar bien. Después de algunos años de golpes y sonrisas, ahora mismo pienso que he aprendido a no aguantar nada que me haga mal o me genere algún tipo de estrés. Hace unos meses estuve saliendo con una chica seis años menor que yo. Al comienzo todo fue bueno, pero en el momento en que empezó a ponerse engreída y mostrar poco interés para hacerse la interesante, dije: “hasta acá nomas, no estoy para jugar al gato y al ratón”. Luego conocí a otra que cargaba con algunos problemas. No era mi amiga, no la conocía muy bien, no se iba a morir si me tenía a su lado o no, entonces dije: “si me busca como pata, bacán, pero más allá de eso, nada, no estoy para volver a ser el salvador de nadie”. Está claro que no hay nadie mejor que uno para decidir con quién andar y para saber quién puede acomodarse mejor a nuestra personalidad si lo que buscamos es una relación que valga la pena, pues para todo lo demás existe la indiferencia. Es fácil pensar así. Es razonable, pero ¡a ver! ¿quién está en la capacidad de obrar siempre con la mente clara y los sentimientos afuera?

Promesas sobre el bidet - Charly García

sábado, 16 de abril de 2011

La dama

La música se compone
de melodía, de armonía
la composición no es la clave
la clave es mirar a los ojos
de la Luna, de esa dama
de musical solo el silencio
melodioso y soberbio
compuesto de nada
la Luna es como siempre fue
bella, siniestra a la vez
la dama es ahora, como nunca fue
rencorosa, desgraciada
la lluvia es un conglomerado de rabia
la Luna llora, la dama también
la lluvia es el escaparate del alma
del mundo, de la Luna, de esa dama
el mundo se postra desesperado
la Luna calla, timidísima
la dama se marcha
sobre el mundo, bajo la Luna
rodeada de lluvia
descomponiendo el silencio
con el ruido de su andar
y vuelve a ser la de antes, de a pocos
pacífica, agraciada.

Hoy llueve, hoy duele - Alejandro Sanz

jueves, 14 de abril de 2011

Enfermedad

enfermedad.
(Del lat. infirmĭtas, -ātis).
1. f. Alteración más o menos grave de la salud.
2. f. Pasión dañosa o alteración en lo moral o espiritual. La ambición es enfermedad que difícilmente se cura Las enfermedades del alma o del espíritu
3. f. Anormalidad dañosa en el funcionamiento de una institución, colectividad, etc.


No funciona el corazón, cuando se le oprime con frialdad. Lo enferma y mata la soledad, el crimen organizado de una racionalidad a prueba de sentimientos. Altera la salud la impaciencia, la verdad que un fuerte dolor trae a la cotidianidad de nuestras vidas. No es normal la distancia de dos espíritus que se buscan. Sí es normal entender que un día se está y que otro ya no. No funciona la cabeza, cuando se le llena de ilusión. Lo mejor es avanzar, avanzar y avanzar, y también avanzar... y saber decir adiós cuando no hay nada más que hacer.

...

Eres la inocencia encarnada
una vela de esperanza,
que se consume con el tiempo.
Brincas con gracia,
de aquella que reconforta.
Eres la inocencia encarnada,
un misterio con ojos
de criatura encantada,
fiel hermano,
hijo engreído,
incondicional amigo.
Eres la inocencia encarnada
y como tal te extingues
como luz de atardecer.

PD: Hace dos días me dieron una noticia de mierda: Chilcano tiene cáncer y, por el lugar en que lo tiene y la “literatura”, le quedan como mucho seis meses más de vida. Dentro de lo malo, creo que hay algo bueno: él no tiene ni idea y sigue jugando como siempre, moviendo la cola, disfrutando de la gente que lo rodea. No sé... "realmente quiero que te rías y que digas que es un juego nomás".

Eiti Leda – Serú Girán

lunes, 11 de abril de 2011

La personalidad

El carácter es -según la RAE- el conglomerado de cualidades o circunstancias propias de una cosa, de una persona o de una colectividad, que las distingue, por su modo de ser u obrar, de las demás; dicho de otra forma, es aquello que nos individualiza, que nos califica y nos hace diferentes unos de otros. Carácter, también, se relaciona con la fuerza y elevación de ánimo natural de alguien, con su firmeza y energía.
El carácter se ve influenciado por el entorno social y familiar, el ambiente, la sociedad en la que se vive, etc. Es aquél componente que nos permite regular nuestras libertades, dominarnos. Por su parte, el temperamento está relacionado a las reacciones emocionales de un sujeto, que vienen determinadas por su sistema neuroendocrino y otros factores biológicos.
Tanto carácter como temperamento son elementos de la personalidad que, según el psicólogo Antonio Pueyo, “es el conjunto de formas y modos característicos de enfrentarse al medio de un individuo”. Explica el especialista que está formada por las pautas de pensamiento de un sujeto, por su percepción y comportamiento fijos.
Señalan los entendidos en la materia que la personalidad de la gente es relativamente estable a lo largo de su vida, que solamente cambian algunos aspectos, ya que si no tuviéramos la fuerza para mantener a la raya nuestras convicciones no seríamos capaces de alcanzar absolutamente nada.
Leí en psicologiaparatodos.com, que la presión de los grupos puede llegar a cambiar la opinión objetiva de algunos ante el temor de ser ridiculizados por los demás o quedar mal con ellos, pues “todas las personas viven en sociedades y sus comportamientos, decisiones y pensamientos, se ven influenciadas por las personas con la cual convive”.

Las personas buscan a otros y forman grupos para satisfacer una necesidad de gregarismo y de sentirse involucrados o de pertenecer a algo. Los grupos van desde el familiar o de amigos muy cercanos, pasando por grupos más grandes, compuestos por miembros que desarrollan relaciones permanentes y fuertes en función de actividades y metas…

Pasando al ejemplo de siempre -sí, buuuuu- escribir un poco –o hacer un recuento de todo lo anterior, para hacer exactos- se me ocurrió pensando en algo que me tocó vivir de –más- joven, cuando la chica que me dijo no ya me había dicho no. Luego de eso, dos de nuestras amigas en común dejaron de hablarme por una orden suya, más allá que en más de una oportunidad vinieran luego a contarme lo mal que les había tratado en tal o cual circunstancia o que sabían que lo que estaban haciendo no era correcto: simplemente no podían decirle no y sublevarse.
Personalmente -y conforme he podido observar a lo largo de los años- hay incluso personas que llegan a tener conceptos malos de gente buena solo porque su mancha así lo considera (o viceversa), o que se enamora o desenamora de un tipo o tipa porque la mayoría le dice que es lindo o linda, o idiota.
En todo caso, considero que es bastante válida la frase “mejor solo que mal acompañado”, en especial, cuando el ambiente que rodea es tan asfixiante que no le permite a uno tomar sus propias decisiones. En ese caso, lo mejor es no darle importancia o distanciarse, hacer nuevos grupos o amigos que no afecten la individualidad de nadie. Es cierto que la idea de conocer gente distinta es disfrutar de la vida y aprender del otro, pero si no hay nada que aprovechar y la convivencia, en lugar de hacer bien, limita, entonces patitas pa’ qué las quiero. Es imprescindible no perder el tiempo o, como decía mi abuelo, gastar pólvora en gallinazo.

Go insane - Fleetwood Mac

miércoles, 6 de abril de 2011

La belleza

Es interesante conocer lo que hizo el violinista Joshua Bell hace unos años en el metro de Washington: tocó de incógnito con un Stradivarius de 1713, valorizado en 3.5 millones de dólares, tres días después de haber llenado el Boston Symphony Hall (a 100 euros la entrada).
Un artículo publicado por El País explica que todo era parte de un experimento en el que se buscaba comprobar si la gente está preparada para reconocer la belleza. Señala que "a los 43 minutos habían pasado ante él mil 70 personas. Solo 27 le dieron dinero, la mayoría sin pararse. En total, ganó 32 dólares. No hubo corrillos y nadie le reconoció".
Y pensar que a veces tenemos la oportunidad de acceder a cosas muy chéveres y, por poco antentos o alpinchistas, las dejamos pasar sin darnos cuenta de la torpeza. Seguro que esa misma gente, de haber oído a Bell en un auditorio, hubiera aplaudido a rabiar y, una vez culminada la función, habría comentado haber pasado un momento inolvidable o que sus 400 soles estuvieron bien invertidos.
¿Todo depende del contexto? Cosas de la belleza, supongo que, como siempre, hay que agarrarle el gusto a las cosas y tratar de ver lo genial en lo simple, como escuchar una melodía agradable en el lugar y el momento menos esperados, porque las oportunidades se pasan y, por lo general, no regresan.

Ave María - Joshua Bell

lunes, 4 de abril de 2011

A medio paso de tu amor

A lo Melcocha... ayyyy



No contesta el espejo, el paso de los días, la sufrida melancolía de ese anoche que fue hace 280 noches. Aquí es allá, si lo prefiere el tiempo, o tú, si te desgarra el recuerdo, aunque lo dudo, lo dudo. Mojado estuvo el césped en aquél momento, el frío aún más gélido, ante las manos que se acercaron ignorándole, calientes entonces. Mira, ella, que fuiste, vio a aquél, que fui, entonces fuimos los que ya no somos, y todo bien, gracias. Ahora, que ya no es ahora, queda ese cuadro de Palpa o ese otro de Canta. Dudo que te desgarre el recuerdo, lo dudo. Eso ya pasó, ya no es. Ahora soy yo, otro, y tu, otra. Aquellos, extraños ya, quedaron a medio paso de un amor que valor no tuvo para hacer de Lima Paris o dejarle Paris a ese tiempo, que solo busca pasar, y como él, seguimos, cada quien en su propio continente.

Nuevo canal interoceánico - Mario Benedetti

Te propongo construir
un nuevo canal
sin esclusas
ni excusas
que comunique por fin
tu mirada atlántica
con mi natural
pacífico.

PD: C'est la vie. La nostalgie est une chose très curieuse, non? Elle vient quand nous ne le imaginons pas. C'est le terrible mois de avril, je suppose... je suppose...

domingo, 3 de abril de 2011

Mario

Comprender lo incomprensible y concluir lo inconcluso. La vida suele ser complicada cuando se le intenta dar sentido. Todo lo anterior suele no tener gracia cuando el día a día está cargado de locura y alegría, porque solo aquél que cree que el instante es perverso, puede filosofar.

Mario era un gran compañero. A menudo las personas se le acercaban para agradecerle una buena acción, para solicitarle algún consejo o, simplemente, para pasar el rato conversando de algo distinto. La idea de Mario era muy simple: amar. Pero se complicaba con un par de palabras más: amar a secas, sin saber por qué.

Los largos días y las pesadas noches me han enseñado que todo aquél que no tenga algo establecido, es decir, un rumbo fijo, tiende a estrellarse contra el muro de sus propias limitaciones. Esto no me lo ha contado Juan, ni Susana, ni Verónica, esto es algo que recoge sentido cuando se está al borde de la desesperanza.

Mario guardaba una dosis de mí en cada conversa. A Juan le recomendaba paciencia con su enamorada, porque entender al prójimo no solo está en la Biblia, sino en la mismísima experiencia. A Susana le insinuaba tener un poco más de locura, porque sin gusto el mundo se convierte en una cárcel transparente, en la que la soledad desquebraja cada segundo de ánimo y convierte en amargura la dulce miel de la convivencia. A Verónica le decía: "Pequeña. No te adelantes a los hechos", y le leía un poema de Eielson bajo los suaves arrullos de un algarrobo.

Mario era como yo, de eso no tengo duda, aunque la alegría en su rostro era un poco más como la de Juan, tan desenvuelto en las reuniones y ciertamente apegado al suave alcohol que infecta siempre un rico vaso de pisco. Yo era un poco más apagado, triste dirían muchos, algo así como Susana, aunque menos arrepentido -que la muchacha- por tener tan parco carácter, aunque también era algo frágil, como el valor para tomar decisiones de Verónica, distinto, pues a diferencia de ella, todos mis actos eran producto de mi propia capacidad de análisis, y no nacían del consejo de algún amigo.

Quizá por estas pequeñas diferencias nunca nos entendimos -no lo sé- hasta que un día llegó destrozado por una duda que le partía el corazón desde el lugar más impensado. Todo en su rostro fue desgracia entonces: "La pena", me dijo entre sollozos y suspiros débiles. "La pena es inmensa cuando te la causa un ser amado".

Ciertamente sus palabras me conmovieron de inmediato -por aquél entonces era más romántico- así que no tuve más remedio que recostarlo en mi pecho y desearle la felicidad absoluta, como si nunca le hubiera dicho que tal cosa no existe. En fin. A veces es bueno basarse en los clásicos de autoayuda y no en la parquedad de nuestros propios estilos de vida, porque para parcharle las ganas a una persona a veces resultan las frases hechas.

Nunca me mencionó la causa de su desgracia, pero yo deduje de inmediato que Verónica lo había sacado de su nube, dudando entre el sí y el no, entre correr a pedirle consejo a Susana o en aceptar el pedido de mi compañero, con el refrán de Juan dándole vueltas en la cabeza: "Vive mientras puedas, y si la cagas, pues ríete".

De pronto todo siguió tan rápidamente: el final del colegio, la academia, la universidad, el trabajo hasta altas horas de la noche, la distancia, las novias, la mermelada, los amigos que nunca lo fueron, las penas, el café. Toda una mezcla de todo, y nosotros, bien gracias: continuando, porque es lo único que sabemos hacer.

Mario era como yo: Cuadriculado, orgulloso, zanahoria y auto obligado a ser extrovertido. Nunca me comentó que fue lo que le ocurrió con exactitud aquél día, aunque en alguna oportunidad la misma Verónica me lo contó.

Fue en una noche desenfrenada. "Un reencuentro", me explicó la niña que tenía en mi recuerdo, pero que ante mis ojos se presentaba hecha una mujer a quien definitivamente no ahuyentaría de mi cama. "Un reencuentro y ¡Salud!". Como nunca se dejó llevar por el momento, y terminamos en mi apartamento con toda la gracia recostada sobre las sábanas y la desgracia hasta el día siguiente, presos de un arrepentimiento atroz como la jaqueca que nos dejó tanto wiskey on the rocks.

-Un pequeño parche en nuestras vidas bien encaminadas -le comenté ruborizado.
-La tuya -contestó irreverente- La tuya será, porque la mía estaba hecha un disparate. Supongo que es la forma en que nos paga el mundo por no correr riesgos.
-¿Acaso te arrepientes de alguna oportunidad echada a perder?
-Todo el tiempo.

Verónica no era. Nunca lo fue. A ella le gustaba Juan. A ella le encantaba Juan, y lo soñaba bajo la luna llena de sus encantos y la omnipresencia de sus gestos, apenas cerraba los ojos. A ella le gustaba Juan, repito, que estaba con María, una sensual chica de su barrio a quien Susana detestaba, porque era alocada y coqueta, es decir, porque era su antítesis.

Verónica no era. Nunca lo fue. Ya que por puro despecho hubiera estado con Mario, a quien consideraba un muchacho tierno y muy maduro –para su edad-, digno de cualquier enamorada e incapaz de relacionarse con una jugadora como María, precoz debutante -según trascendió- en el Bedroom Futbol Club y partícipe de cuanta noche desenfrenada existía en la cabeza de los jóvenes colegiales de por entonces.

Como será de dura la vida que nos traiciona apenas puede, como si su intención fuera la de alquilarnos nuestros cuerpos hasta el día en que le podamos ser productivos, ya que apenas da cuenta que no tenemos con qué pagarle nos demanda por incumplimiento de contrato, y nos quita de a pocos la tranquilidad, el valor, la fe en el resto, y la esperanza.

Quieto. Completamente inmóvil. Juan se adentro en su lecho lentamente y lo despojó de sus ataduras sociales. Allí, sin más razón que aquella proporcionada por un trago barato, empezaron los forcejeos que finalmente lo llevaron a la locura. Lo había aceptado, a pesar de la duda y sus prejuicios, y luego el propio Juan le hizo saber que una noche es más que una efímera consecuencia del tiempo.

-En serio -me repitió Verónica ante mi cara incrédula- María era pura imagen y yo, una idiota. Cuando se enteró lo dejó al toque y terminó contándomelo porque según ella compartiríamos la misma pena ¡Idiota! ¡Como si a mí me gustaran los maricas!

Mario nunca más se pareció a mí. Eso me lo dejé muy claro, repitiéndomelo cuantas veces fue necesario, y explicándoles mis argumentos a Susana, la única que me pareció ajena a tanto enredo. La única que se acercó a mi ex amigo cuando todos empezaron a darle mil y un sugerencias sobre cómo debería de manejar "su problema". Ella lo mantuvo en su pensamiento y le ayudó a recobrar la sonrisa.

Ahora yo, pensando en la locura, filosofando sobre el futuro, sobre el destino, lo veo levantando una copa y bendiciendo el vino que lleva dentro. Su mirada se desvía ante la potencia de las luces: ya está curado de tanto qué dirán. Sin comentarios.

Lima, 24 de octubre de 2005

sábado, 2 de abril de 2011

La mentira

Ya sea para quedar bien, para salir de una situación medianamente jodida o no lastimar a alguien, cuando se miente se está negando la verdad y eso, en general, no es lo correcto, ¿o sí? Si bien no todas las mentiras son deliberadamente dañinas, hay quienes hacen de ella un estilo de vida o la utilizan para sentirse mejor y encontrar en el otro alguna respuesta que la sinceridad jamás podría generar.
Hace poco tuve una experiencia bastante mala con una mujer a la que consideraba mi amiga y que, lejos de ser sincera, me inventó una excusa tras otra con el fin de ¿no encarar el problema?, ¿no admitir su culpa?, ¿no hacerme daño?... en un asunto que finalmente acabó con nuestra relación (ya escribiré sobre esto cuando tenga ganas... bueno es algo como este post de Mafa y su blog). Definitivamente, si hubiera dicho la verdad desde el inicio, aún podríamos tener una relación amical... y eso, al menos para mí, es bastante triste.


"¿Está pensando que su pareja es un mentiroso patológico? No se preocupe, no lo es, solo se trata de un gran imbécil". Así empieza un artículo publicado por The Last Psychiatrist (y que encontré traducido en depsicologia.com). Y dice:

Al mentiroso patológico se lo suele conocer en el ambiente psiquiátrico como pseudología fantástica o mitomanía. Pero nada tiene que ver con el mentiroso de siempre de la cultura popular, sino que mentir de una forma patológica es cuando alguien se arma todo un complejo de mentiras que internamente son consistentes, y que pueden ser arrastradas durante años y que no tienen un propósito o fin conciente... El mentiroso patológico sabe que está mintiendo, pero no puede evitarlo, y luego termina creyendo lo que dijo. Si él inventa que es un agente secreto que sabe 18 formas de matar a una persona con una mano, luego terminará creyéndolo.

Según la ensayista Delia Steinberg, "En general encontraremos un factor psicológico común a todos los casos, con los matices de rigor: es el miedo. Esa es la verdadera enfermedad y las mentiras son sus síntomas o sus efectos declarados... Intervenir y expresar su auténtica forma de pensar es comprometerse ante sí y ante los demás y eso requiere mucho valor. El miedo al riesgo llega, en casos, a una dolorosa cobardía, que sigue siendo miedo al fin y al cabo".

La mentira entraña todos los miedos juntos: el miedo a uno mismo, a la gente, a la vida y sus circunstancias, a las situaciones que debemos enfrentar hasta conquistarlas. La mentira es una forma de falsedad que intenta ver las cosas de otra manera de como son, en beneficio propio: si yo no puedo cambiar lo que me hace sufrir –o no sé hacerlo– lo pinto de otro color y me imagino que ya lo he modificado.

"Uno puede mentirle a todo el mundo, menos a sí mismo", eso es lo que plantean muchos, y la verdad es que las personas sí pueden mentirse a sí mismas, por las mismas razones que le mienten al resto: para no tener que enfrentar una realidad que podría escapárseles de las manos, para sentirse bien respecto a lo que se encuentran haciendo. Quizá al comienzo se dan cuenta de que todo es una yuxtaposición de razones sin fundamento, pero, a la larga, terminan creyéndolas ciertas.
La mentira, cuando es descubierta genera una desconfianza atroz capaz de llevarse abajo cualquier relación y bueno, a nadie le gusta estar solo, ¿no? Ahora, también existen aquellas personas que prefieren escuchar una excusa o un falso argumento y así evitar una verdad tal vez dolorosa o problemática, como en la canción de Joaquín Sabina que reza: "Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera, contarle que el universo era más alto que sus caderas, le dibujaba un mundo real no uno color de rosa, pero ella prefería escuchar mentiras piadosas".

Mentira - Manu Chao

viernes, 1 de abril de 2011

Inmaculada

Registró por unos instantes mis pupilas. Acarició mi mejilla izquierda con su mano derecha. Soltó un suspiro al viento y luego, cuando pensé que se retractaría, besó mis labios tan intensamente que aún, después de tres días, siento su humedad recorrer los míos como mar de esperanza.

-¿Me estás salvando? –le pregunté.
-No. Solo te he besado –contestó seria, casi indiferente- ¿Por qué confundes un beso con un gesto de amor?
-¿Por qué lo hiciste?
-Porque era evidente que lo necesitabas.

Tenía razón. Hasta ese instante le había estado contando lo mucho que me dolía el corazón, los recuerdos imborrables de un amor que me dejó descalzo sobre un camino lleno de vidrios rotos: una vez la vi algo interesada en conocer la raíz de mi pena, le hablé de largo. No pude evitarlo. Todo simplemente me salió. Quizá fue el orgullo o la nostalgia. Sabía que la estaba cagando, que una mujer como ella podría aburrirse fácilmente de un romántico idiota que no es capaz de olvidar a punta de cervezas y tipas nuevas a su ex, que a más palabras de autocomplacencia menos posibilidades de amarrar a esta nueva chica a mi vida, pero ella, coquetísima y alpinchísima -porque entiendo que lo hizo para callarme- apagó con un gesto toda especulación estúpida.

-Es decir... Este es un beso de adulto, el resto lo haremos cuando regreses –parafraseé.
-¿Cómo?
-No, olvídalo. Es una tontería.
-Nada que puedas tener ganas de decir en este instante podría llegar a parecerme una tontería ¿Acaso no deseabas que alguien te demostrara un poco de cariño?
-Bueno, supongo que por lástima…
-Nada de lástima. Tú me pareces un tipo genial. Me pareces un tipo simpático. Yo tenía ganas de besarte y así lo hice, ¿te dolió acaso? No eres un gran amigo mío como para que me duela perderte. Si quieres olvidarlo, olvídalo, pero yo ya pasé un buen rato y no creo haberte lastimado en el proceso, ¿o me equivoco?

Era miércoles, 23 de junio. Nunca antes una mujer había sido tan clara conmigo. Es un buen día para hacer el amor. Es curioso que emplees la palabra amor para referirte a una relación sexual. No es algo gratuito, creo que suena mucho más bonito que tirar. ¿Vamos a tirar? Tienes razón, suena horrible.... ¿Lo vamos a hacer?

Y lo hicimos. Y fue distinto, pero no tan mágico como aquél beso sorpresivo. Fue como navegar sobre un río dejándose llevar por la corriente, sin pensar. Luego desapareció tan rápido como incursionó en mi vida.

Una mujer que sabe lo que quiere no es algo fácil de encontrar… pero perderla es de lo más sencillo.

Lima, 13 de Julio de 2010

Cómo me voy a olvidar - Los Auténticos Decadentes