sábado, 25 de diciembre de 2010

Navidad y el post 100

Y llegamos a los 100. Y también llegó la Navidad, esa fecha en la que todos supuestamente nos amamos, compartimos y perdonamos, y en la que celebramos... ahh, bueno, ustedes saben. La cosa es que debemos aprovechar esta época en la que todo el mundo está sensible para reflexionar y ponerle más empeño a los proyectos, pues con la Navidad se viene -está cerquita- el Año Nuevo... y con el Año Nuevo la oportunidad de empezar de cero o seguir andando por el mismo camino con mucha más fuerza.
Felicidades. Ahí se ven.

Navidad - Rossana

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Vamos

Al mirarte quiero pensar
en ese instante, de anoche
cuando mirabas al vacío pensando
en otros instantes
de días menos distintos, a este
en el que sueñas
sembrar / crecer
como realidad que tocas, tocamos.
Si te miro y pienso
qué miras, qué piensas
espero obtener respuesta,
en esa conjunción sensata
de silencio y sorpresa
que es tu rostro
en el preludio de un gesto.
Si te miro mientras pienso
que linda estás
es para que me mires mientras piensas
en eso que tanto te gusta,
o en eso otro,
que tanto te atormenta,
y me digas: déjate llevar.

Hay un universo de pequeñas cosas - Alejandro Sanz

domingo, 19 de diciembre de 2010

La Ley de Murphy

Dice: Si algo puede salir mal, saldrá mal.
La experiencia es una cosa que, por lo general, no se posee hasta después de haberla necesitado. Eso creo, por, paradójicamente, experiencia. Aunque también confío en que no hay mal que por bien no venga... es decir, si del cielo te caen limones aprende a hacer limonada.
Cosas del Orinoco.
Se vea por donde se vea, si algo puede salir mal, puede que salga mal, pero también bien... aunque la probabilidad sea apenas de un 0.02%.
Poco no es nada.

Signos - Soda Stereo

jueves, 16 de diciembre de 2010

Modo de vida

Llevar la alegría a casa
como tarea de colegio,
ejercitar la sonrisa
como músculo de dicha.
Cambiar la monotonía
apresurada por lo moderno,
echar a andar
la amistad, la confianza.
Cambiar todo aquello que haga falta
por todo lo que nos caiga en gracia.
Ser esclavos de nosotros mismos,
respirar el campo,
rastrear la felicidad
en cada bocanada de aire
aún no contaminado.

Lima, 28 de octubre de 2006

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La disculpa

Una vez le dije a una chica “discúlpame por quererte”. Éramos amigos y nuestra relación se fue al carajo días después de que lo soltara aquella frase. Ese día le confesé que tenía miedo, que sabía que debía de superar muchas cosas y que si tenía ganas de conversar se apoyara en algunos de sus amigos, en los que confiara más. “¿Y por qué no mejor me dices que puedo apoyarme en ti?”, me reclamó, bajito, y yo le contesté solo con una sonrisa.
Nuestra relación no parecía estar destinada al fracaso. La primera vez que la vi me pareció la chica más linda del mundo. La segunda, la vi hablando con un pata al que momentos después le pedí presentármela “así como quien no quiere la cosa”. Nunca antes me había gustado tanto una mujer con tan solo verla y, de igual forma, nunca antes había sentido la imperiosa necesidad de hablarle, de saber de ella (solo una vez más me volvió a pasar algo así). Qué puedo decir: me fascinaba.
Una vez le dije a una chica “te quiero”, y ella contestó: “yo también te quiero”. “No, no lo entiendes, te quiero, me encantaría estar contigo”, y se quedó mirándome fijamente a los ojos, con una expresión que –lo juro– parecía decirme “sí”... Tras el “no”, pensé que, definitivamente, nuestra relación no parecía estar destinada al fracaso, pero, a veces, hay cosas que simplemente no se pueden evitar.
Más allá de lo que pasó con ella, creo que uno no puede cambiar lo inevitable… por más que uno no lo quiera aceptar, uno sabe cuando una chica solo lo quiere a uno como amigo, por más que ellas, a veces, por orgullo o instinto de supervivencia, se comporten como el perro del hortelano, o por más que nos esforcemos por hacerles entender que podemos ser más que el tipo que las escucha eternamente.
Tras el “no” me trató malísimo, como si pensara que siempre iba a estar a su disposición, y mi amor propio, que es la última capa de mi orgullo, me hizo distanciarme. Ella no aceptó eso y, en lugar de darme algo de espacio, me condenó a la ley del hielo.
Nos odiamos: yo a ella por egoísta, y ella a mí, porque en su cabeza yo era un resentido de mierda. Nos quisimos también, supongo: yo a ella por razones obvias, y ella a mí porque, mal que bien, estoy convencido que sabía que estaba dejando ir a alguien en quien se hubiera podido apoyar sobremanera.
Meses más tarde se agarraría a su enamorado de turno en mi cara y, cuando la pude superar, trató muy mal a mi novia de entonces. Fue el final. Hasta allí ella había guardado uno de los textos que le había escrito en la tapa de uno de sus cuadernos y yo, la esperanza de poder salvar la amistad que tuvimos en algún momento. “Discúlpame por quererte”, ¿realmente fue mi culpa? no lo sé, supongo que todo depende siempre de la madurez con la que se afronten este tipo de dilemas. Solo puedo añadir que nunca más, porque lo juré así, me le volví a mandar a alguna mujer, porque eso del “sí” o el “no” me crispa los nervios.

Desahogo - Roberto Carlos

domingo, 12 de diciembre de 2010

No somos máquinas

Esto ya lo había posteado antes (en mi blog anterior), pero bah:

Empezamos a respirar y a dejar en el ambiente la marca inconfundible de nuestras propias esencias... el anhídrido carbónico se escapa del cuerpo a través de pequeñas cantidades de vida, y vuelve convertido en pureza... no somos máquinas, somos seres sensibles, capaces de confundirnos y amar a quien no nos mira, capaces de odiar a quien nos adora o de encontrar en otra persona un alma gemela. No somos máquinas, en efecto, porque las lágrimas que nos brotan -cuando una pena se hace inmensa- brillan en la mismísima desesperanza... y cuando erramos sufrimos, y cuando soñamos lo hacemos partiendo de nuestro propio optimismo. Todos, en conjunción con el cielo, nos maravillamos ante algo nuevo y no caminamos a ciegas, funcionando, creyendo que el universo es un programa informático. No. Somos más que eso. Somos uno, somos cientos... somos millones tratando de entendernos, a pesar de saber que ello es imposible... de allí que no seamos máquinas, porque simplemente creemos en milagros.

Lima, 25 de septiembre de 2005


Amor cibernético - Miguel Rios

martes, 7 de diciembre de 2010

Sobre extrañar

Hace cerca de un año y medio oí salir de la boca de un amigo algo que me pareció muy buena voz. Tenía que ver con el significado de la palabra extrañar, o mejor dicho, de lo interesante que podía llegar a ser. No recuerdo con exactitud las referencias que me dio en aquella circunstancia, pero más o menos me planteó que la palabra extrañar es realmente curiosa, una vaina así:
Según la RAE, extrañar significa –en su segunda acepción– “ver u oír con admiración o extrañeza algo” y –en su tercera– “sentir la novedad de algo que usamos, echando de menos lo que nos es habitual”. Extrañar viene de extraño, que es “raro, singular” o “dicho de una persona o de una cosa: que es ajena a la naturaleza o condición de otra de la cual forma parte”, es decir, algo o alguien que no tiene que ver con uno, y aún con esas, empleamos extrañar cuando queremos ver a alguien o saber de esa persona, de repente una distante, porque su condición lejana es bizarra, no es lo normal en nuestra vida. Así, uno puede extrañar gente, lugares, situaciones y hasta al pasado (que sería nostalgia, en una definición más exacta).
Pienso en todo lo anterior mientras se me viene a la memoria una frase que me dejó hace un par de semanas una chica lindísima a quien conozco hace nueve años: “Los enamorados pueden ir y venir, en cambio, los amigos son para toda la vida”. Uno crece con ellos, aprende con ellos, vive experiencias con ellos. Eso está claro. Y en años se forman vínculos sincerísimos que deberían sostenerse sobre la incondicionalidad; el compañerismo; la comprensión; la paciencia; y, desde luego, el cariño (sí, el amor).
Pienso en todo lo anterior mientras se me viene a la cabeza una sensación súper agradable, la que me quedó tras haberme vuelto a encontrar con alguien a quien extrañé durante poco más de un lustro. Haberla podido tener frente a mí, cara a cara, diciéndome lo que solía decirme cuando empezábamos a entrar furtivamente a la vía rápida de la vida –17, 18 años– y saberla tan radiante como entonces, me procuró una alegría bárbara.
Siento que tenga que irse tan pronto y que, de todas maneras, yo vaya a tener que asumir nuevamente la situación de extrañarla, como extraño, de igual forma, a prácticamente todas las personas que más he querido, repartidas en diferentes partes del mundo… dos en EEUU, otra en Inglaterra, una última -y formidable- en Arequipa… siento que la chica de la frase en algún momento también tenga que partir –¿a Europa?– y que yo mismo, tal vez, me termine yendo a un lugar distante, ajeno, en el que seguramente el acto de extrañar se volverá mucho más intenso, al menos hasta que me acostumbre, pues, indefectiblemente, lo que en un primer momento suele parecer impropio, se termina convirtiendo en algo natural, después de todo, así es la vida, ¿no?, uno no puede más que adaptarse y aceptar lo que fue, lo que es y lo que vendrá.
Bueno, para el colmo de su curiosidad, la palabra extrañar también significa “apartar, privar a alguien del trato y comunicación que se tenía con él” y “rehuir, esquivar”, es decir, desterrar mental y/o físicamente, por iniciativa propia, a alguien… de repente, a alguien a quien antes uno estimaba mucho, pero ese es otro punto sobre el cual no vale la pena profundizar.

Sail away sweet sister - Queen

jueves, 2 de diciembre de 2010

Entropía

entropía.
(Del gr. ἐντροπία, vuelta, usado en varios sentidos figurados).
1. f. Fís. Magnitud termodinámica que mide la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema.
2. f. Fís. Medida del desorden de un sistema. Una masa de una sustancia con sus moléculas regularmente ordenadas, formando un cristal, tiene entropía mucho menor que la misma sustancia en forma de gas con sus moléculas libres y en pleno desorden.
3. f. Inform. Medida de la incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo.


Tomar la decisión más exacta es preciso, como puede ser también seguir el instinto, que suele callar ante una razón inmensurable. Hay dudas. Se superan. Hay miedos. Se superan. Hay dolor. Se apaga, con agua, arena o lo que se tenga a la mano. La energía existe. Hay que saber emplearla en cosas justas y que llenen. No hay que liberarla si su onda expansiva solo alcanza para solventar una ilusión. Hay incertidumbre. Se destruye con acciones. Hay esperanza. Se cuida como vida.

Alguien que cuide de mí - Christina y los Subterráneos 

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Algunos disparates

Uno nunca puede confiar totalmente en alguien, me dijo aquella que siente ternura y asegura quererlo con locura racional. Y si el amor es un arma, ¿a quién le caería el disparo? Creo yo que puede ser una flecha; la cabeza, el arco; y la mira, el sueño de una vida compartida. Pero en la vida no hay cuadrículas, sino personas, le contesté, y cada una es una ventana con salida a distintos paisajes. Amar no es pensar, es adorar con devoción, pues aunque en el derrotero se pierda la razón, se gana en compromiso, pues cuando uno calla el otro habla y viceversa. Más que un arma es un escudo, más que un escudo, unas manos desnudas que no dudan en aferrarse a otras, así terminen sangrando de angustia. El amor en sí no soluciona nada, pero ayuda a encontrar las salidas de las calles más oscuras. Es la motivación que permite enfrentar cualquier problema. Para amar basta uno. Para tener una relación, dos. Para destruirlo todo, egoísmo... ingratitud... falta de fe. Uno nunca puede confiar totalmente en alguien, a menos que ese alguien sea la persona con la que quieres pasar el resto de tu existencia, me cortó tratando de completar mi punto de vista, y yo repliqué: uno nunca puede confiar totalmente en alguien, pero lo hacemos, así nos estrellemos una y otra vez contra nuestras propias esperanzas.

Lima, 20 de octubre de 2010


Unglued - Jupiter One