jueves, 24 de mayo de 2012

You won't see me

And I will lose my mind if you won't see me



Cuando ella pasa - Fernando Pessoa

Sentado junto a la ventana,
a través de los cristales, empañados por la nieve,
veo su adorable imagen, la de ella, mientras
pasa... pasa... pasa de largo...

Sobre mí, la aflicción ha arrojado su velo:
una criatura menos en este mundo
y un ángel más en el cielo.

Sentado junto a la ventana,
a través de los cristales, empañados por la nieve,
Pienso que veo su imagen, la de ella,
que no pasa ahora... que no pasa de largo...

miércoles, 23 de mayo de 2012

Lo mejor de la gente

Cuando me di cuenta que me había enamorado de ella fue como un “Oh, Dios mío, ¿por qué rayos tengo que lidiar con esto?”, pero , al margen de mi supuesta sorpresa, yo sabía que lo que estaba pasando era la conclusión lógica de una relación que había empezado un par de meses antes. Me gustó desde la primera vez que la vi. Me gustaba mucho y me llevaba bien con ella. ¿Qué más pruebas necesitaba? Pude haberlo dribleado a sabiendas del gusto inmediato, evitando ponerme en contacto con ella, abriéndome, pero siempre, siempre, siempre… el ser humano hace planes partiendo del optimismo y me embarqué en la aventura de conocerla. Cuando ya era mi amiga y, tras darme cuenta de que la pensaba todo el tiempo, un día me le mandé y reboté. Luego, a diferencia del gusto explosivo, que nació instantáneo, mi relación con ella se deterioró lentamente hasta destruirse por completo y hoy ser nada más que un recuerdo que recuerdo únicamente para sacar un par de conclusiones...
Podría haber sido una rata de dos patas con el resto de personas, renegona hasta el tuétano, conflictiva, fría e inexpresiva, pero antes de la bronca yo era una de las pocas personas que podía sacar lo mejor de ella. A mí nunca me reclamaba. A mí nunca me decía “no” (salvo, desde luego, tras la mandada). A mí solo me sonreía y me llenaba de caricias. Incluso, durante nuestra última conversación “como amigos”, me contó que tenía un problema, que sabía que era una chica con la que era difícil lidiar. La odié, porque me trató como un can, pero incluso así, a pesar de pensarla una bruja —como muchos la definían— en la distancia —me contó un amigo en común— partió en llanto escuchando una canción que solíamos tararear juntos cuando todo era felicidad, y aseguró que me extrañaba. Como lo veo, y lo creo ahora, ese muro defensivo que era su dureza, su huraña actitud frente al resto, no lo levantaba conmigo y, por ello mismo, mi corazón se terminó endulzando ante un ella que era realmente ella, sin máscaras. Una ella con la que ella ni siquiera sabía que podía contar como esencia. En algún momento del menjunje sentimental le terminé pidiendo disculpas por haberla querido. Para entonces yo ya tenía una frase patentada desde la aparición de la chica del helado: "Me necesita más como amigo que como enamorado". Es un ser incomprendido. Sí, Juan.
Contamos, 1, 2, 3... “Tienes el poder de sacar lo mejor de la gente”, me dijo hace unos días una de mis mejores amigas, Johanna. Aquella no era la primera vez que pasaba. Y definitivamente no fue la última. Todo el palabrerío. Toda la cháchara tenía una razón para traer de vuelta aquél suceso. Yo mismo me encuentro en una situación en la que he levantado un muro defensivo que, básicamente, me encierra a mí y espero que no atente contra la felicidad de nadie afuera. Sin embargo, porque —sí— el ser humano hace planes partiendo del optimismo, empecé a hurgar, de a pocos, en el alma de alguien a quien hace unos meses creía una pieza de mármol y, para ser honestos, si bien racionalmente quiero correr, no hacer nada de nada, en el fondo tengo ganas de descubrirla por completo —si me dejara, claro está. “Es tu esencia, no cambies nunca eso”, insistía la chata, alerta sobre la enorme posibilidad de que, tras intentar involucrarme con esta persona —de la forma que quiera el destino, Dios, o las santas líneas cruzadas—, termine lastimado, pero rendida ante una máxima archiconocida en nuestras conversaciones: uno siempre tiene que buscar su felicidad. Si una situación o mantener una posición no te hace sentir feliz, entonces hay que dar un giro de 180 grados. "Si eso te va hacer feliz, hazlo y luego ya vendrán las consecuencias que tendrás que asumir, sea alegría o dolor”. Realmente no sé si tenga el poder de sacar lo mejor de la gente. Lo que sí sé es que la gente puede hacer mucho daño, en especial, aquellos en los que uno más confía o aquellos de los que más se espera.

Trátame suavemente - Soda Stereo

viernes, 11 de mayo de 2012

Cuando comenzamos a nacer

Tenés una boca para hablar y comenzás a preguntar... y conocés a la mentira ♫



La inocencia es algo que se va perdiendo conforme van pasando los años. La experiencia la apaga, la guarda en su gloria. Sin embargo, creo que uno puede cambiar de todo, como en Viernes 3 am, pero nunca su esencia. Las personas, las circunstancias, el tiempo, etcétera. nos obligan a mutar una y otra vez, a mejorar o a retroceder, pero aquello que nos define permanece inalterable, ¿pero qué es eso que nos define?
Hace unos días hice un ejercicio: me imaginé en un momento de mi vida en el que creo haber tomado una decisión trascendental (formativa) e hice el esfuerzo de pensar qué hubiera sido de mi si hubiera hecho otra cosa... me vi entonces conociendo a otras personas, distintas a las que conozco hoy en día, estudiando otra carrera, modelando otra personalidad... quizá hubiera sido otro tipo, pero ¿me hubiera caído bien o al resto ese tipo?
La inocencia es algo que se va perdiendo conforme van pasando los años. Uno establece su forma de ser y la va puliendo con el tiempo hasta un punto en que es base. La gente que nos rodea nos ayuda y se presenta como un grupo de organismos a través de los cuales nos diferenciamos y vamos tomando conciencia de nuestra propia individualidad. A la larga, somos lo que somos gracias a los amigos que tenemos y los momentos que pasamos. Asegurar que uno es una nueva persona, como lo escribí antes, es darle una cachetada a aquellos que nos quieren tal cual somos en esencia. En conclusión: estamos, crecemos, alteramos aquellas cosas que se pueden alterar, y otras no se tocan porque están tan arraigadas que ni con espátula, sean buenas o malas.

PD: Sobre lo último hay una fábula, al parecer, de Esopo, llamada "El escorpión y la rana". Muy ilustrativa. 

viernes, 13 de abril de 2012

El tren que pasa

Soy un jardinero... vi nacer a todas estas flores, pero no tengo floreros en casa



tren.
(Del fr. train).
1. m. Medio de transporte que circula sobre raíles, compuesto por uno o más vagones arrastrados por una locomotora.
2. m. Conjunto de instrumentos, máquinas y útiles que se emplean para realizar una misma operación o servicio. Tren de dragado, de artillería, de laminar.
3. m. Méx. tranvía (vehículo urbano que circula sobre raíles).
4. m. p. us. Ostentación, pompa o lujo con que se vive.
5. m. desus. Aparato y prevención de las cosas necesarias para un viaje o expedición.

Pasa el tren, pasa. Hay quienes se quedaron sin lograr abordarlo. Afuera de él, el porvenir también se desenvuelve, cotidiano y veloz. Pasa el tren, pasa, adentro suyo el tiempo para estacionarse: aquellos que llenan sus vagones ya quieren llegar a su destino (y con ansiedad las horas transcurren más lentamente, eso sienten). Afuera, la gente sigue con su vida sin siquiera saber que existe o que se mueve cerca de sus casas. En su interior ofrecen café, algunos postres. Nadie puede bajarse hasta que se detenga en algún paradero. Pasa el tren, pasa. La misma ruta, el mismo sentido, día tras día.

domingo, 25 de marzo de 2012

Tener sed y tomar agua

Imagínate...
Perdido en medio del desierto, a punto de desfallecer... y ruegas por un poco de agua, un poco solamente, para sobrevivir, y hasta te dices: "Daría lo que fuera por, al menos, poder mojar mis labios". Al borde de la muerte, ¡maravilla! ¡milagro! encuentras algo de líquido elemento, digamos, dentro de una botella perdida (¡más suertudo!). Y entonces continúas tu marcha... racionalizas el recurso para que no se gaste innecesariamente y, mientras tanto, cada bocanada de agua te parece la cosa más grandiosa del mundo, la más refrescante, la vida misma. Llegas a una ciudad: te salvas. Porque ya puedes hacerlo, te terminas el resto del agua que quedaba en la botella. Te bañas. Tomas toda el agua que su cuerpo pueda aguantar y alzas los brazos hacia el cielo agradecido por tu buena fortuna. Pasa un tiempo... ya no solo puedes tomar agua... hay Inca Kola, la chaposa más sabrosa, té helado, en fin... muchas más alternativas... el agua ya no sabe a gloria... ya no estás más en medio de un desierto, solo y sin recursos. Ya incluso olvidaste que alguna vez hubieras dado lo que fuera por, al menos, poder mojar tus labios. Tomar Coca Cola te hace más feliz que solo beber agua. Sobrevivir y ser feliz son dos cosas distintas.

Mi enfermedad - Los Rodríguez

lunes, 19 de marzo de 2012

Y se ríe, se caga de risa

Ya lo advertía la interesante sabiduría de El espíritu de los cínicos, "Dios se ríe de ti cuando..."
... Cuando te encuentras en un momento en el que lo quieres mandar todo al diablo y, en lugar de un salvavidas te lanza una piedra, solo para saber si eres lo suficientemente idiota como para confiar y cogerla -y, por ende, hundirte- o lo suficientemente fuerte para aguantar la tentación y seguir nadando, así sea contra la corriente... aunque sabe que uno es humano y, ergo, la puede terminar regando...
Veinticuatro horas atrás me preguntaba lo siguiente, preso de una nostalgia felizmente racional y tras haber visto por segunda vez la película Days of Summer: ¿Cómo alguien que ha llorado en tus brazos, que se abrió con uno como nunca lo hizo jamás con alguien, y que compartió tantos momentos gratos puede un día mandar todo eso al limbo y olvidarte como se olvida un dolor de cabeza que nunca llegó a migraña? Respuesta: Porque esos momentos no significaron lo mismo para esa persona (primicia, chocherita). Lo especial solo está en la mente de quien lo cree así.
Hay una parte en esa cinta que personalmente me encanta y me parece brutalmente cursi: la parte en la que la chica protagonista le está contando un millón de cosas al chico protagonista y una voz en off dice algo así como "mientras escuchaba, Tom se dio cuenta que estas no eran historias que se le contaban a cualquiera, porque tenían que ganarse, se preguntaba si alguien más había tirado abajo ese muro, y entonces las siguientes siete palabras lo cambiaron todo... nunca se lo había dicho a nadie".
Antes pensaba así, pero ahora creo que cuando uno cuenta algo que te acojona por primera vez, las siguientes veces -con x personas- es mucho más fácil, así que no es la gran cosa... uno puede tener el mérito de haberse tirado abajo ese muro, pero el terreno lo termina invadiendo alguien más efectivo y rápido, alguien que aprovecha mejor la oportunidad.
Tonterías al margen, y a lo que iba, últimamente he estado hecho una piedra, porque la situación lo amerita. De pronto, me empiezo a sentir mejor, decido ir a un lugar al que me empuja el resto y me digo, "¿por qué no?". Y voy. Y me encuentro con gente a la que hace mucho no veía y todos me saludan felices. Y yo feliz, empiezo a pensar que la tormenta está pasando y bajo la guardia ante la necesidad de paz y la de no andar a la defensiva. Entonces, porque Dios existe y se quiere reír un ratito, la pone frente a mí, a la chica que me rompió el corazón y me empujó a transformarme en el tipo desconfiado y alpinchista que ahora mismo tengo por escudo, y yo, porque soy humano y tonto y pavo, me le acerco y le digo "hola", y mientras lo hago un escalofrío maligno me paraliza. En instantes, solo atino a mirarla, a darme la vuelta y a decirle "chau"... y eso fue suficiente para arruinarme la poca alegría que había con esfuerzo conseguido juntar... camino luego a lo loco, por la calle, tratando de calmarme... pienso que no debo darle importancia porque "hay peores fantasmas de los cuales preocuparse", que ese Gasparín que acababa de ver no tenía razón para desanimarme,  y ¡chan!, me cruzo con un hijoputa amigo de mi ex ex y este hijoputa me pregunta por mi ex ex: "¿Qué sabes de ella?"... "¿Por qué cojones tendría que saber algo de esa mujer?". Y alguien en el cielo cambia la risa por una carcajada con revolcada en el piso. 

PD: También se le conoce como Ley de Murphy.

Demasiada presión - Los Fabulosos Cadillacs

domingo, 18 de marzo de 2012

Clandestino

Jornada mágica y delirante la de anoche en el bautizado Festival Siete Mares. Luego de casi una vida de no poder hacerlo, me pude dar el gusto -y mi hermano mayor también- de ver y oír en vivo a uno de nuestros favoritos: Manu Chao.



Definitivamente nadie podría quejarse de un concierto tan largo y tan a la medida de la locura que fue el Gran Parque de Lima. Luego de Bareto y La Sarita, que estuvieron a la altura del día, por cierto, tenía que llegar un espectáculo lo suficientemente bueno como para borrar la chévere performance de sus antecesores, y así fue: más de dos horas de euforia con canciones como Clandestino, Hoy día Luna..., Desaparecido, y la siempre ponedora Bongo Bong.