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domingo, 3 de enero de 2016

Ahorita no, joven

No creo que sea muy difícil pensar en el prójimo. Es sencillo. Basta con imaginarse aquello que no le gustaría que le hicieran a uno para tener cierta consideración con los demás, mas este es un ejercicio que muy pocas personas son capaces de hacer. Uno es primero, segundo y tercero y al diablo el resto mientras se salga bien parado. Quizá yo sea el exceso: pienso más en como se podría sentir el otro y, a menudo, sacrifico parte de mi en el proceso. Mi lógica para ello es la siguiente: seguro y alguien en algún momento también lo va a hacer por mi. Pienso esto, muchas veces me arrepiento y juro que no lo voy a volver a hacer, pero pasan algunos días y otra vez se me ve cometiendo el mismo ¿error?
Ya lo había escrito varias veces: soy muy confiado, menos de lo que era hace 17 años, pero sigue siendo demasiado. 
No me gusta jugar al gato y al ratón, así que cuando empiezo a salir con una chica lo trato de dejar claro: ¿te intereso? si es así, sigamos. Si no es así, muchas gracias, un gusto, que te vaya bien. Hasta ahora las respuestas han sido, en su mayoría, decepcionantes, y no porque me dijeran "no lo estoy", sino por todo lo contrario: porque me dicen "sí", mas las acciones inmediatas posteriores son hacerse la interesante o la indiferente. ¿Y entonces? Hace unos días una pareja de amigos me presentó a una mujer. Los cuatro salimos al cine y luego a comer. Cuando dejé a la chica en su casa le pregunté si estaba interesada y, de ser sí el caso, si podíamos vernos para ir a tomar un café. "Sí, claro". Y a eso le siguió algo de ilusión y ciertas expectativas. Luego de un par de semanas no hubo señales de vida hasta que le escribí por Facebook. Fui, como no, otra vez directo: "Me avisas si te interesa y si no, también me avisas". No me gusta perder el tiempo. "Coordinemos una segunda salida (con nuestros amigos en común)". Diez días después no hay rastros de ella y, por lo que sé, está de citas con otro chico. La verdad es que no me hubiera molestado un "lo siento, no estoy interesada" o un "ahora mismo estoy saliendo con alguien", pues caballero, a otra cosa y listo. Como se dice, lo cortés no quita lo valiente. Creo que no se debe pasear o tratar mal a alguien que no te ha hecho nada, que cometió el pecado de mostrar interés y que, sobre todo, fue amable y, desde un inicio, pidió claridad en las acciones. Lamentablemente, esto pasa todo el tiempo porque muchas personas no saben lo que quieren o, peor, saben lo que quieren, pero no tienen la voluntad de hacer lo correcto, sea sencillo o muy jodido. Algo que mi ex solía decirme era que le llegaban al pincho las calientahuevos, porque, además de destruir las esperanzas de los hombres buenos, maleaban el mercado de los mismos. Y claro, cuando empezamos fue todo muy explosivo: ella sabía lo que quería y no se vino con cojudeces ni rodeos (una razón más por la que me cae bien). Mi roomi, que también es de la misma escuela y lógica, opina lo mismo, "pero las mujeres estamos todas locas y a muchas les gusta tener a todos los chicos posibles detrás". Así no dan ganas de darle la oportunidad a alguien más.
No creo que sea muy difícil pensar en el prójimo y no hacerle lo que no nos gustarían que nos hagan a nosotros, sea uno hombre o mujer. Honestamente, cansa apostar por la gente. Cansa horriblemente, pero cerrarle el corazón al mundo tampoco es una buena idea.

La pacha - Los Nosequién y los Nosecuantos

viernes, 25 de diciembre de 2015

Lo que queda

Qué inocente era 17 años atrás cuando escribí una carta que hace dos minutos terminé de leer. Era para una chica que me gustaba. En ella le pedía apoyarse en mí ante la adversidad y le prometía dejar de ser tan pasivo (ser más decidido). Han pasado 17 años y sigo siendo el mismo idiota preocupado y lento. De la chica, solo el recuerdo y una sonrisa fingida cada vez que la veo. Hace dos días vi a la última chica con la que he estado y me dio mucho gusto haber podido conversar de forma civilizada con ella. La quiero, pero esa mujer no era para mí. Eso creo que quedó clarísimo tras nuestra relación de pareja. Me preocupo por ella porque la aprecio. Vivimos muchas cosas juntos y lo di todo para que las cosas funcionaran, pero al final el daño era más grande y había que tomar una decisión dura. Se terminó, pero el cariño se mantuvo, al menos por mi lado, y, la verdad, ojalá y nunca se termine, más allá de nuestros futuros individuales. La extraño, pero eso no basta. Hace 17 años era un tipo diferente, aunque no lo parezca. Claro está: era más inocente y creía más en la gente. Hoy creo en la gente, pero me decepciono con mayor rapidez. Supongo que es la vejez. Pienso en aquella chica, a la que le escribí la carta que hace cuatro minutos terminé de leer. Era linda. Lo sigue siendo, pero ya no es nada en mi vida. Ni un fantasma. Eso es triste, pero no hay nada que hacer. Algunos quedan, otros se marchan para no volver.

Al olvido - Elefantes

jueves, 15 de octubre de 2015

I didn't see it coming

But we don't have the money (money makes the wheels and the world go round) ♫


Hace un huevo que no pongo nada por aquí... y, la verdad, me da un poco de pena porque sí. En ese sentido, aquí algo:

En breve tendrá lugar en Lima un concierto de Belle and Sebastian, un grupo al que durante años me resistí y, hoy por hoy, me encanta, pese a que no me sé la letra de ninguna de sus canciones. Me recuerda un poco a París, porque empecé a oír esta banda cuando andaba por Europa, y porque su música me sabe a nostalgia per se, y ahora, cuando me pongo nostálgico, me acuerdo de los amigos que dejé por allá. Algo que pienso es que si las cosas no funcionan uno no debe perder tiempo en darle vueltas al mismo asunto, aunque esto sea de lo más difícil. Hace poco, un par de días atrás, pensaba en una amiga a la que no veo desde hace cinco años y a la que me da un poco de miedo volver a ver (se puso en contacto recientemente). "Es que no son las mismas personas"; me dijo sabiamente mi roomi cuando le conté el asunto. "Lo que pasa es que tienes miedo de que ambos noten la diferencia, pese a que quizá eso sea lo más paja del asunto". Y claro: hay demasiados recuerdos enfrentados de épocas muy diferentes a la actual. Todo en uno. Sería como chocarse contra la pared del pasado, limpiarse la cara y trepar el muro para ver que hay adelante. "¿Te gusta?", me preguntó la chica con la que vivo. "Me gustaba", contesté. "Ya no me gusta por varios motivos, pero siempre habíamos sido buenos amigos". Razón suficiente para traspasar el cemento. Y entonces me miró con cara de "hace varios meses que ya no tienes novia (sí, tuve novia por casi un año), así que ya es tiempo de darle una oportunidad a alguien más". ¡Bah! Mejor renegar porque Perú cayó en casa frente a Chile. "¿Y si te vuelve a gustar?", le faltó decirme. "Imposible: está gorda", me atrapé respondiendo, y un mundo de vergüenza propia por lo políticamente incorrecto de mi pensamiento me hizo soltar una risa nerviosa. "Es malo eso, ¿no?", le comenté a mi roomi tras contarle mi justificación. Como la "U" es la "U", el pasado es el pasado. Hoy ya es jueves. Mañana será otro día.

I didn't see it coming... I'm just not in the running  ♫

sábado, 14 de diciembre de 2013

Y no salimos de las sombras II

Acabo de apagar mi segundo cigarro. Mi ansiedad ha llegado a límites que no son nada saludables. Mi corazón es un desastre y debo admitir que he llorado escuchando algunas canciones tristes.
Mi receta ante la pena siempre ha sido oír música pachanguera y sonreír mucho, pero ahora mismo no tengo ganas de nada más que de dejarme absorber por la oscuridad de mi habitación. El circulo ha vuelto a su estado habitual. Salvo la desesperanza, todo está como hace un mes, como si todo lo ocurrido en las últimas semanas hubiera sido tan solo un sueño.
Hace unos días estaba muy optimista -y otra vez, claro está, la felicidad es efímera bla bla bla-, tanto que incluso me crucé con una ex, una de las pocas con las que no me llevo bien, y pensé "se ve que está contenta, ¡qué bueno!" sin ningún tipo de malicia. Fue sincero y entenderlo así, por ello mismo, me pareció fantástico: "estoy tan contento que quiero que todos estén contentos también", pensé. Qué tal baboso.
Me había estado cuidando muchísimo de no comprometerme, pero al final lo hice y lo que pasó fue un golpe directo. "No te ilusiones huevón", pero ya era tarde. Y entonces, como si lo supieran de instinto, las que siempre han estado detrás aparecieron en caída libre.
No sé si esta sensación de vacío y pena sea por ella per se o porque todo me ha recordado, una vez más, que aparentemente solo ha existido en mi universo una persona capaz de haber considerado mi amistad como la base de una buena relación más íntima, lo cual me altera, me da rabia. Con esas, y para demostrar que dios se ríe de nosotros cuando... buscando mi camiseta extraviada del Sporting Cristal me topé con un antiguo álbum de fotos en donde esta persona y yo dábamos rienda suelta a nuestro cariño en cada imagen. Obviamente no me estoy cagando de risa. Y si alguien arriba piensa que esta es una ironía saludable, que la xupe.     

Tu locura - Gustavo Cerati

viernes, 13 de diciembre de 2013

Y no salimos de las sombras

Verbena de comunicación, San Marcos. Mis amigos reían. La música sonaba fuerte. 2001, octubre. Le acababa de decir que me gustaba a la chica que por aquél entonces me gustaba. La respuesta fue "no". Y prometí nunca más volver a decirle a alguien algo parecido, porque eso del "sí" o el "no" me crispa los nervios. Hasta la fecha he cumplido cabalmente mi palabra. He reído mucho y he llorado mucho. Luego de aquél encontrón con la realidad y de acabar con la esperanza destrozada, lo único que quise fue no verla más y partí en carrera hacia mi casa. Sin embargo, recuerdo haberle sonreído y dicho que todo iba a marchar bien, volver hacia mis amigos y despedirme uno por uno, subir a un micro y llegar hasta mi hogar. Una vez en mi cuarto, el llanto, la pena. Hacía mucho que no me sentía como en aquél momento. Sinceramente, pensé que nunca más me iba a poner así, como un chiquillo idiota que no comprende lo que pasa a su alrededor luego que la ilusión ha sido rota. Me da gusto saber que puedo aún confiar y querer como antaño lo hacía, pero duele... duele a menudo comprobar que algo de mi yo antiguo está aún dentro mío, porque ese tipo era muy fácil de embaucar.

A los ojos - Los Rodríguez  

sábado, 7 de diciembre de 2013

El primer tomo en mi mano

Y mi regalo por Navidad llegó por adelantado. Finalmente, en mis manos está el primer tomo de La palabra del mudo del genial Julio Ramón Ribeyro. Quienes me conocen entenderán lo importante que es para mí haber podido conseguir el libro, quienes no, pues deberían leer mi post Julio Ramón, la palabra del mudo y yo (o Él es el culpable) donde lo explico.


En el libro se distinguen tres partes: Los gallinazos sin plumas (1955), Cuentos de circunstancias (1958) y Las botellas y los hombres (1964). Como que ya tengo lectura para los próximos dos días (¡chan!). Definitivamente la felicidad está en lo simple. Ojo: aún me hace falta el tomo II para tener la colección completa. A por él.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Bitácora de un gato en Lima: Bicicleta

De París a Lima. Me motivaba muchísimo la idea de aprender a montar bicicleta en París para así superar uno de mis tantos miedos y, de ser posible, verme manejando al lado del canal San Martín, pero el tiempo pasó y no tuve la oportunidad de volverme lo suficientemente experto en el arte de andar sobre dos ruedas. Sin embargo, gracias a una amiga colombiana y toda su paciencia logré experimentar lo que es subir a una bici y pedalear sin caer en el intento. Fue en el bosque de Vincennes. Fue super. 


Con el ánimo a mil y la confianza ganada, horas después me veía tratando de perfeccionar mi técnica muy cerca a los Campos Elíseos (ay sí, ay sí) con otra linda colombiana de profesora. Mientras todo ello pasaba, mi corazón saltaba de emoción ante la idea de poder hacer lo mismo en Lima, al lado de mis amigos más queridos, así que apenas tuve la plata, ya en mi rico país -pollo a la brasa consumido- me animé a comprar mi primera bicicleta: una elegante montañera color celeste a quien llamaremos, desde ahora, Leopolda (es broma :P).


La verdad es que estoy muy feliz de haberme comprado una bici. Ahora más que nunca, en Lima se está viviendo un momento en el que se ha reivindicado este tipo de transporte y yo tengo muchos patas que salen a pasear en bicicleta los fines de semana, así que ello me motiva a seguir aprendiendo y a mejorar, pues por ahora pierdo el equilibrio con facilidad y me aterra el hecho de cruzar avenidas demasiado transitadas. Ayer, por ejemplo, mi orgullo me ayudó a no caerme mientras un par de perros mordisqueaban mis piernas. Fue gracioso. Al menos ahora ya puedo ir a comprar pan más rápidamente.  

The bike song - Mark Ronson & The Business Intl

jueves, 17 de octubre de 2013

Lima aquí

Y el tiempo pasa. Y es necesario tener el coraje suficiente para no tropezar con las mismas piedras. Toda decisión es el inicio de algo y algo no es nada. Lima es linda, a pesar de lo gris de su cielo. La paso bien aquí. Eso es magnífico.

Lo estamos pasando muy bien - Los Prisioneros

viernes, 6 de septiembre de 2013

Bitácora de un gato en París: Les amis (o Carta de motivación para decir hasta pronto)

À Paris j'ai confirmé que non tout est définitif, que la vie te donne des surprises à chaque moment… que les rêves sont comme les saisons de l'année: parfois avec du soleil et parfois ils ont des feuilles en tombant au milieu de la rue. Ils sont comme les saisons de l'année parce qu'ils changent grâce à différents facteurs (non nécessairement climatologiques, mais plutôt sensitifs et, en même temps, rationnels). Je ne regrette rien et, surtout je remercie avoir pu connaître un groupe de personnes si génial… je le remercie au temps, parce que il m'a permis de vivre avec ce groupe beaucoup des situations quotidiennes et des situations extraordinaires et ça est important pour faire un lien amical plus fort. Malgré de toute l'expérience qui m'a donné Paris, c'étaient les personnes qui ont fait que cette ville vaut la peine. C’est important, parce que loin du foyer, les amis se convertissent en famille et plusieurs de vous ont été comme des frères et sœurs pour moi dans un moment ou l'autre… des frères et sœurs qui écoutent à travers d'une base très jolie: l'affection, et ce vaut plus que tout l'or du Pérou ou ce importe plus que quelque tour. Par cela et encore beaucoup de choses, je remercie votre compagnie dans ceux-ci presque 12 mois de lutte… ses sourires, ses gronderies, ses conseils…  je me porterai chacun de ces gestes en les gardant dans le lieu le plus sûr que j'ai: ma mémoire. À Paris j'ai beaucoup voulu (et presque je suis tombé amoureux, hahaha), j'ai beaucoup renié, j'ai marché beaucoup, j'ai beaucoup mangé, j'ai beaucoup connu… voilà, j'ai vécu beaucoup, j’insiste: je ne regrette rien.  Tout sera bien parce que chaque minute est un défi que c'est nécessaire assumer avec volonté et avec un bon esprit. Je leur désire le meilleur du monde et j'espère que l'univers conspire pour que nous nous voyions les visages de nouveau, peut-être un peu plus vieux, mais toujours souriants et pleins d'estime et de foi dans l'avenir, de plus orgueilleux de notre passé et en profitant du présent. Pour cela c'est la vie.
Alors, comme il dit la chanson: « Il n'est plus qu'un "à tout à l'heure", il n'est plus qu'un bref adieu ». Cuídense y hasta pronto. Nous nous voyons à Lima, à Paris ou à Beijing si c'est le désir de la vie, de nos cœurs et de nos poches. A bientôt.

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Quien escribe es periodista de profesión, peruano y bachiller en Comunicación Social graduado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de mi país y baaa... a lo importante:

Algo que confirmé en París es que no todo está dicho, que la vida te da sorpresas, que sorpresas te da la vida (ay, dios), y que los sueños son como las estaciones, en algunos momentos soleados y en otros con hojas cayendo en medio de la calle, pues cambian de acuerdo a una serie de factores (no necesariamente climatológicos, sino más bien sensitivos y, al mismo tiempo, racionales). No me arrepiento de nada de lo que he hecho y agradezco infinitamente, sobre todo, el haber conseguido rodearme de un puñado de personas a las que aprendí a entender y a querer con el tiempo y el compartir de situaciones cotidianas y extraordinarias. Más allá de todas sus bondades, cultura y la experiencia que me ha dado París, son justamente estas personas quienes han hecho que esta ciudad valga la pena, pues lejos del hogar son los amigos quienes pasan a convertirse en familia y muchos de ustedes en su momento han sido como hermanos y hermanas que escuchan partiendo de una base genial y reconfortante: el cariño, y eso vale más que todo el oro del Perú o que cualquier torre erigida por el hombre. Por eso y muchas cosas más, agradezco su compañía en estos casi 12 meses de lucha... sus sonrisas, sus regaños, sus consejos, ya que me llevo cada uno de esos gestos conmigo guardándolos en el lugar más seguro que tengo: mi memoria. En París he querido mucho (y por un pelo no me he enamorado, jajaja, uds. saben), he renegado mucho (uds. saben, aussi), he caminado mucho, he tomado mucho, he comido mucho, he conocido mucho... etcéteta... he vivido mucho, insisto: no me arrepiento de nada. Tengan por seguro que todo marchará bien de ahora en adelante porque cada minuto es un reto que hay que asumir con voluntad y buen ánimo (aunque a veces uno no esté con tantas ganas). Les deseo lo mejor del mundo y espero que el universo vuelva a conspirar para que nos estemos viendo las caras, quizá un poco más viejos, mas siempre sonrientes y llenos de estima y fe en el futuro, además de orgullosos de nuestro pasado y disfrutando el presente, que para eso es la vida. Así que, como dice la canción: "No es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós". Cuídense y hasta pronto. Nos vemos en Lima, París o en Beijing si así lo quieren la vida, nuestros corazones y nuestros bolsillos. A bientôt.

Jipi jay - Pepe Vásquez / Gianmarco       

viernes, 30 de agosto de 2013

Bitácora de un gato en París: Decir chau y adiós

Confirmé que no me gustaban las despedidas cuando miré a mis padres, hermanos y a mis mejores amigos mover sus manos y decirme "chau" hace como un año, cuando dejé Lima y vine a estudiar a París. Son tristes, sí, y te dejan la sensación de que estás dejando atrás algo importante que difícilmente puedas volver a ver. En aquella oportunidad fue triste, sí, pero en el fondo sabía que era más un "hasta pronto", ya que iba a ver a toda esta gente genial nuevamente, porque viven en mi país y porque son personas que quiero, que me quieren y que de hecho harían lo que estuviera a su alcance para reencontrarse conmigo. Por otro lado, es aún más triste, sí, cuando le dices "adiós" a alguien que no sabes a ciencia cierta si volverás a ver en lo que te resta de vida. Por ello mismo, y como he estado tratando de hacer, pese a que no me gustan las despedidas, intento pasar la mayor cantidad de tiempo posible con los amigos que he hecho en Francia. Duele, a varios ya les he dicho "adiós", por más que en algunos casos, tal vez, sea solo un "chau, hasta pronto", considerando que la mayoría de ellos son latinos y ahora, más que nunca, tenemos planes de viajar por todos nuestros países (si se da la oportunidad). Y pensar que antes no tenía a quien abrazar.
Por otro lado, algo que me parece atroz de una despedida es que cuando llega hace que todas nuestras expectativas respecto a lo importante que somos para alguien se disuelvan. Es triste, sí, cuando crees que le importas mucho a una persona y ella no reacciona al verte partir.


PD: Nunca hay que dar por sentado nada, la verdad. La mujer que yo creía el amor de mi vida se despidió de mi en un aeropuerto. Yo le había prometido no llorar y me tragué mi dolor con tal de no hacerle sentir mal. Justo antes de meterse al embarque me miró con cara de "te quiero abrazar", pero lejos de poder correr a sus brazos, sabía que a nuestro lado estaba su madre, quien me detestaba -entre otras cosas- por "pobre", y si me le lanzaba -como que tenía ganas de hacerlo- seguro esta hubiera armado un escándalo destructivo para la condición en la que se encontraba mi ex (despidiéndose de sus seres queridos). Así que la miré con cariño y le sonreí mi mejor sonrisa obligándome a decirle solo un "hasta pronto". Durante los meses siguientes le repetía a la distancia que me moría de ganas de darle aquél abrazo que nunca le di, que eso sería lo primero que haría al darle el alcance en París, pero como "todo tiene su final, nada dura para siempre", la relación se hizo trizas y ese abrazo se secó en el desierto de lo imposible. Conclusión: Nunca más dar por sentado algo... y abrazar mucho a quienes queremos como si no los fuéramos a ver jamás.

La despedida - Daddy Yankee

viernes, 23 de agosto de 2013

Mis problemas con las mujeres

Hay cosas que un hombre nunca llega a saber: los deseos ocultos de una mujer ♫



Quizá sea la víspera del inminente viaje de retorno (aunque aún no sepa cuando pisaré Lima, sé que viajaré a un país más civilizado el 6 de setiembre: Inglaterra), pero ahora mismo me siento un poco consternado porque creo que los problemas del bobo que dejé atrás, hace un año, pueden volver a presentarse a mi regreso, como si el tiempo no hubiera pasado. Es cierto, vivir en París me ha hecho tener otra visión de la vida, pero si bien yo he cambiado, crecido o mejorado (como quieran tomarlo), en mi tierra todo sigue igual... la gente sigue siendo la misma. Mientras pienso por unos segundos en todas estas estupideces, me mojo un poco la cabeza y termino concluyendo: aún estoy en Francia. Aún hay días de diversión y sufrimiento por aquí... ya cuando este por allá, dios proveerá.

PD: ¿Será el 23?

Pero siempre que acabo con chicas de mi edad termino con problemas, con bastantes problemas ♫

sábado, 17 de agosto de 2013

Bitácora de un gato en París: Noche de juerga

Un parisino loco empezó a gritarme en el metro. Hablaba un pésimo francés, pero en su media lengua entendí que lo que quería era que me hiciera a un lado, pues supuestamente estaba estorbando el paso de la gente. En el vagón no habían muchas personas y las pocas que estaban detrás mío no tenían intenciones de salir aún del tren, así que, por lo que supe, el tipo aquél solo buscaba hacer una cosa: joder. "Estás loco", le dije en español sonriéndole. "Y después no quieren que pensemos que los franceses son malhumorados", y le seguí sonriendo mientras me colocaba a un costado. No dejé de hacerlo hasta que me bajé del metro, ya que creo que un acto así de cagón es mejor responderlo con algo completamente inesperado para ellos: la buena onda.
Por la noche, dos amigas rumanas y yo nos encontramos en la estación Passy y nos dirigimos a la soirée del Péniche River's King. En la entrada habían tres sujetos encargados de la seguridad y el acceso. Cuando nos acercamos, uno de ellos nos preguntó a dónde íbamos y, desde luego, le respondimos que a la fiesta. En el acto, otro nos aseguró que si no teníamos tickets no podíamos entrar (algo que no se señalaba en ningún momento en la publicidad del evento). "Desde luego que no los tenemos, los vamos a comprar", y un tercero, un tipo gordo y moreno, nos contestó -extrañamente- con ironía: "No me hicieron caso, entonces no los dejo entrar, así de simple". Fue tan extraño que al "quejarnos" con el equivalente a lo que en Lima sería un serenazgo este nos dijo: "Très bizarre, qué lástima que los hayan tratado así, lo siento". No había nada de raro en nuestro actuar, salvo que era obvio que los tres somos extranjeros. Sobre eso, éramos dos mujeres y un chico, ¡genial!, pues en París no dejan entrar a las discotecas a grupos formados solo por hombres o por muchos hombres y pocas chicas, lo cual deja eso de la liberté y la egalité tirando cintura. Ya la fraternité había sido dejada de lado. Como la noche aún era joven y teníamos que hacer lo posible por pasarla bien, nos fuimos buscando baile al Duplex, una discoteca ubicada muy cerca del Arco del Triunfo que tiene la particularidad de contar con dos pisos, cada uno con un tipo de música distinto al otro.


Sobre esto último, a pesar de que todo el tiempo trato de divertirme con lo que tengo a la mano, debo aclarar que no me gusta la música que pasan en las discotecas parisinas, ni siquiera en las que juran tener una "noche latina", pues aquí asocian "latino" con un "reguetón" que dios sabrá de qué parte de Latinoamérica vendrá. Por si fuera poco, cuando pasan alguna canción medianamente divertida -para nosotros, los latinos- como Ai se eu te pego (XD), los DJ's la destrozan remixeándola, algo que nos pasó anoche con I gotta feeling de los Black Eyed Peas. Asimismo, llega un momento de la noche en el que uno la tiene que pensar bien si quedarse o pollitos en fuga, pues los metros solo pasan los fines de semana a más tardar hasta las dos de la mañana, luego de eso toca tomar taxi para volver a casa (que no es algo práctico, sino carísimo) o esperar en el local a que las estaciones abran, golpe de 5:30 a.m. Ergo: si no la estás pasando bien y ya no hay posibilidades de coger un tren, pues caballero toca aguardar hasta que canten los gallos con el cansancio y el aburrimiento encima. Por eso, uno puede llegar a sentirse cenicienta en París, solo que en lugar de un príncipe azul hay que lidiar con los controladores.   


Pasando a lo que a ustedes les gusta: si se es varón, hay que tener las pelotas bien grandes o el dinero suficiente para levantar (sí, gozones, seguro eso querían saber). Lo de no poder ir a un local solo hombres no lo entiendo, pues si necesariamente tienes que ir con chicas para poder entrar, ¿cómo haces para decirles "amiga, te dejo bailando sola porque yo voy a ir a hacerle el habla a esa rubia que está más buena que el pan"? Por otro lado, las chicas son super mmmf, saben lo que quieren y están para cualquiera que la sepa hacer (bueno, nunca tanto). Asimismo, los chicos parecen cazadores al asecho de toda presa, sea rala o taipá. Estos pueden llegar a ser muy intrusivos (e incluso prepotentes y agresivos), tanto que llegan a desesperar, pues no entienden lo que es "no" y primero aprietan antes de preguntar "habla, ¿vas?" (eso en Lima sería causal de golpe directo al caramelo). En mi grupo de dos mujeres y un hombre soy, por ejemplo, invisible. Los tipos vienen a hablarles a mis amigas como si yo no existiera (eso en Lima sería causal de golpe directo a las boloñas), aunque para mi buena estrella y ego, cuando esto ocurre ellas se me pegan y les dicen "estamos con él". Lo que sigue a eso es mi guiño de ojo y una frase: "Man, I'm a lucky guy".
Si no hay billete, no te la puedes pegar en una discoteca en París. La de anoche tenía unos precios de infarto: un shot de tequila estaba 11 euros, la chela igual. Después de los 20 euros de la entrada, "hablaos causa". Lo curioso es que una botella de vino decente cuesta cerca de cuatro euros en un supermercado y la cerveza en un bar (como los de la rue Mouffetard) cuesta tres euros la pinta, así que si estás misión imposible una discoteca parisina no es un buen lugar para tomar alcohol, por el contrario, sí es un buen lugar para llegar mamado, aunque, claro, si estás ebrio corres el riesgo de que no te dejen entrar: una con otra. Honestamente, yo sigo pensando que no hay nada como el Centro de Lima para tonear: previas con una catedral en el Bolivarcito, bailar en El Directorio tomando unas Pilsen al polo, seguirla en el Bichama con unos márgaros y terminar desayunando pollo a la brasa en el Beguis de Colmena a las seis de la mañana, ¿qué más se le puede pedir a la vida?


PD: De las cosas más raras que me han pasado aquí en estos trotes menciono dos: 1) Entro al baño de hombres de una discoteca y me pongo a hacer fila para pasar a los urinarios. Habían dos, con dos tipos haciendo su negocio. De pronto, uno de ellos le empezó a ver la cuestión al otro y se ponen a conversar. El observado volteó luego con su vaina en la mano y me empezó a preguntar si me parecía que era grande o pequeña al tiempo que insultaba al otro tildándolo de ¿gay? ¿mirón? ¿criticón? Como mi mente latina no pudo con la escena me fui a hacer cola a un cubículo. Cuando se abrió el que esperaba, algo más razonable ocurrió: de él salieron un hombre y una mujer: provecho. 2) "Ustedes los latinos son muy conservadores", me dijo una amiga francesa al ver mi sorpresa por la disposición de los baños de hombre y mujer en el Club Mix: el mismo ambiente para ambos géneros. Chicos a los urinarios. Chicas a los cubículos. Uno puede estar meando mientras el reflejo de ello es trasmitido por el espejo a todos las personas que se encuentran aguardando su turno, sin distinción de sexo, color, orientación, tamaño o religión. Nunca tomé una sola cerveza en ese local.       

Feel so close - Calvin Harris

viernes, 16 de agosto de 2013

Bitácora de un gato en París: Arco del Triunfo

Ya casi todo está consumado. Hoy fui a recoger mi pasaporte con una renovación de visa para poder entrar al Reino Unido. El trámite duró una semana. Todo fue muy ordenado y sin ninguna sorpresa, algo que deberían aprender aquí en Francia. Justamente, a propósito de los franceses, hoy me llegó al correo una carta de la Prefectura de Val de Marne anunciándome la fecha para presentar mis documentos para la extensión de mi visa para la Unión Europea, pero eso ya no viene al caso, pues sin universidad que me acoja el próximo año no tengo posibilidad de pasar dicho asunto... Así que el siguiente destino es Manchester, donde me quedaré unos días con mi hermana antes de volver a Perú.
De regreso a casa, decidí hacer algo que no había hecho durante toda mi estancia en París: colocarme bajo la sombra del Arco del Triunfo, un monumento que he visto innumerables veces, pero nunca desde su regazo, como en esta oportunidad.


No sé si tenga mucho sentido, pero escribí allí lo siguiente: "Me dijeron ayer que si vivo ya estoy triunfando, pero no siempre la gente cree en palabras de esa magnitud. ¿Qué es el triunfo? ¿una victoria? Así como no hay finales felices porque el único final absoluto es la muerte (y eso nunca es algo a celebrar), el triunfo es algo que se alcanza y ya está, a lo siguiente. Sin duda, no se consigue estático, sino que se pelea por él, y una vez se le tiene entre manos se esfuma al instante (luego de saborearse, claro está), ya que se da solo en el momento en el que uno termina de luchar. El triunfo sí, es victoria, es alegría... es una coma en la vida, jamás un punto final... en el peor de los casos es una silla, solo eso... pero que rico es triunfar".

The final countdown - Europe  

miércoles, 7 de agosto de 2013

La chica de humo

Y mientras la acompañaba en el taxi se me revolvía la cabeza. La noche había sido perfecta. Yendo de un lado hacia otro, hablando sobre lo mucho que habían cambiado nuestras vidas en los últimos años y dándonos cuenta de lo parecido que pensábamos sobre las relaciones producto de nuestras experiencias similares de vida y proyectos. Era justo verla a los ojos, mientras tomábamos unas cervezas en un local miraflorino, y preguntarme ¿por qué no?, pero la respuesta a esa pregunta era bastante difícil de contestar. Luego ella, en el taxi, abrazada a mí, con su cabellera oliendo a mil flores y una mano sobre una de mis piernas. Yo contemplaba su rostro. Supuestamente dormía. Yo pensaba: ¿la beso? pero la respuesta a esa pregunta era bastante difícil de contestar también, al menos en ese momento.
Años atrás la quise. Estaba templado y simplemente nunca tuve una oportunidad. Ya lo había visto venir: ella linda, con toda su gracia, y yo creyendo que era la indicada, que esas sonrisas, abrazos y frases lindas me estaban diciendo algo. No era así, al menos esa fue la versión oficial, y años más tarde, ambos con el corazón roto, nos volvimos a acercar. Debo admitir que fui al choque... ¡era obvio que estaba yendo al choque!... y hay que mencionarlo: era algo injusto, pues era obvio además que ella me gustaba -por todo el antecedente. Entonces, ella me contestaba las indirectas como siempre, con sonrisas, abrazos y frases lindas, mas algo había cambiado: ambos habíamos crecido... y era obvio, repito, que yo estaba yendo al choque sin medir ninguna consecuencia: un día intenté besarla mientras bailábamos, pero las malditas circunstancias jugaron en contra: un ex entrometido. "¿Qué mierda está haciendo aquí?", le dije entre Pisco y Nazca. "La verdad no tengo ni idea, pero como jode".
Otro día, mucho después del anterior, salimos a tomar y a bailar porque ambos teníamos ganas de divertirnos. Al fin solos, paseamos por muchos bares y hablamos de todo un poco... y, como siempre, ese hablar lo arruinó todo... si quieres ser pendejo, un consejo: sé frío, sé cauto, nunca des más datos de los que debes, nunca toques temas delicados, sobre todo si quieres ser pendejo y en el fondo no lo eres, no te sensibilices antes de lograr el objetivo... Eso no lo medí: allí estábamos ambos contándonos nuestras vidas y yo, mirándola, satisfecho porque había recuperado a alguien que en algún momento de la vida había perdido... a alguien que se ocultaba detrás de un mar de protección: aquella chica de la que me había enamorado alguna vez. "¿Por qué no?", me pregunté. "Seríamos la pareja perfecta, mucho más ahora que nunca". Y de pronto dejé de ir al choque y ella me atiborraba, para variar, con más sonrisas, abrazos y frases lindas. Luego la sentí un poco tocada por el alcohol y decidí acompañarla. "¿La beso?", maldito interrogatorio. "Si lo hago me puedo ir al infierno y ahora mismo no debería comprometerme. Quiero ir a París y, además, otra vez estamos jugando el mismo juego. La situación es muy parecida al pasado. No quiero terminar siendo nuevamente el idiota choteado. Por si fuera poco, me gusta también un hielo... ¿por qué meterme en más líos? Mejor ir con tranquilidad". Con la decisión tomada, seguimos juntándonos y la cuestión no dejaba de ser ambigua, ya que no terminaba de entender sus mensajes.
Otro día, poco después del anterior me aseguró que no tenía planes de volver con el tipo que hacía poco le había hecho sudar la gota gorda. Fue un avance. Sin embargo, a mitad del afane me dejó plantado en una cita. Renegué, maldije, puteé a todo por todo... y cuando volví a mi casa la noticia: aceptado en la Sorbonne, algo que le conté posteriormente. Ella se alegró por mí. "Te voy a extrañar", afirmó. "Yo sabía que en algún momento ibas a poder ir para allá".
Hace unos días recibí un mensaje suyo: "Te extraño. Me haces falta", en resumen. Ella había vuelto hacía ya unos meses con el sujeto con el que supuestamente no iba a volver y me enviaba una nota así de rosa. Le conté por delicadeza, curiosidad e ilusión la nueva nueva: "Es probable que este por volver a Lima". Después de saber mis razones, ella se alegró por la posibilidad de encontrarnos, "que bien, amigo", expresó... y lo siguiente de su parte fueron gestos de sonrisas, abrazos y frases lindas.      

La chica de humo - Emmanuel

sábado, 3 de agosto de 2013

Miedo al agua

Tras caer, mi pequeño cuerpo de seis octubres se aferró a su instinto de supervivencia. Seguramente fueron apenas unos segundos, pero en mi cabeza la eternidad me abrazaba fríamente y me presentaba una visión que hasta ahora me persigue: los ojos bien abiertos observando como el agua me tapaba por completo y como sobre ella se asomaba una luz. Allí arriba había aire, sin aire podía morirme, así que pataleé todo lo que pude y ascendí hasta poder agarrarme del borde en donde un minuto antes había estado contemplando a otros niños dar chapuzones y nadar. Un empujón desde atrás -un primo travieso jugándome una terrible broma- apretó tanto miedo en mi pecho que durante años me fue imposible liberar tal tensión.
En vano mis padres intentaron lograr que aprendiera a nadar. No. Me ofrecían de todo, desde juguetes hasta videojuegos, pero nada. Yo no podía dar mi brazo a torcer, en especial luego de aquél verano en el que me inscribieron a mi hermano y a mí en unas clases en la piscina del Campo de Marte. Junto a otros infantes, el terror de aquella escena en la que yo caía a las aguas y me hundía viendo su superficie me persiguió, sobre todo, después de que dicho malestar se hiciera una infeliz realidad: yo abriendo los brazos, tragando harto H2O -con saborcito a cloro- mientras el profesor me criticaba por no poder mantener la calma, ¡pero si era un nene!
Tiré la toalla y cada vez que mi generación de Grimaldos se citaba para ir a la piscina o a la playa yo solo me limitaba a contemplarlos. Parecía entonces que me perdía de algo fantástico, pero era incapaz de hacerle frente a uno de mis más grandes temores.
Un día, como siempre, poco antes de cumplir 14 años, mi padre se me acercó con un especial que El Gráfico sacó por el tricampeonato de Sporting Cristal, el equipo peruano de fútbol de mis amores. "Este es un regalo", me dijo. "¿Te gusta?". Fue la excusa para sentarse a mi lado y hablarme sobre un lugar increíble que acababa de descubrir camino a Puente Piedra. A un lado de la carretera había un local con una piscina y un profesor amable que no tendría más alumnos que nosotros dos. "Ya es hora de que aprendamos a nadar", añadió.
Cuando era adolescente, contaba mi padre, estaba en la playa con unos amigos pasándola de lo lindo. Lamentablemente, uno de ellos terminó embestido por las aguas traicioneras del mar limeño y acabó ahogándose, hecho que traumatizó a mi papá y limitó su capacidad para desear y poder aprender a nadar. Sin embargo, allí estaba él, años después, ya tío, frente a su hijo, bregando por la posibilidad de hacerle cambiar de opinión: y yo la cambié. "Vamos a intentarlo. Ok". Dos clases después, ambos nadábamos estilo perrito y espalda. Mi miedo evitó que aprendiera más, pero dadas las circunstancias eso ya era -es- un logro sorprendente.
No hay verano ahora en el que mi padre no ame ir a la piscina a relajarse y la última vez que estuve en Nice fue glorioso poder mojar mi cuerpo en un mar tan azul y especial, y en Toscana el acceso a una piscina las 24 horas del día fue lo máximo, pues ahora me encanta nadar: me relaja y divierte. Aún no puedo con los lugares hondos (es algo que no controlo, como mi temor a las alturas), pero trato, siempre trato de no dejar que el miedo me gane, pues eso nunca es una buena idea.

I'm so afraid - Fleetwood Mac  

jueves, 1 de agosto de 2013

Fría como el viento

No sé si te tengo, no sé si vienes o si vas ♫



Antes de saber que tenía una posibilidad de llegar a París me obsesioné con una chica a la que creía la mujer más fría del mundo. Me gustaba conversar con ella porque por alguna razón me metí en la cabeza que tenía la misión de entenderla, además, valgan verdades, me gustaba... tanto, que la primera vez que la vi me pareció una de las mujeres más lindas que había visto en mi vida. Con esas, el saldo no fue muy agradable. Una vez, solo una, fuimos al cine, y para mí fue la gloria entrar con ella, y mejor, salir con ella conversando sobre la película y creyendo que más momentos como aquél nos asegurarían una buena relación. Pero fría, al fin y al cabo, difícilmente pude medirla y sobre la marcha terminamos jugando al gato y al ratón durante un tiempo que me desgastó mares. Sin embargo, un día, cuando la toalla de besarla ya había sido lanzada al suelo me sorprendí teniéndola frente a mí, llorando como una magdalena: era humana, después de todo, así nadie más que yo lo creyera. Durante el transcurso de mi nuevo intento por descubrirla, recibí la respuesta de una universidad parisina y posteriormente viajé a Francia. Luego de saber que tenía una posibilidad de llegar a París no sabía si contárselo o no, pues me daba un poco de miedo saber cómo reaccionaría: con pena o indiferencia, así que finalmente opté por no contarle nada. Cuando se enteró, quizá molesta por no haberla tomado en cuenta, solo me pidió confirmarle la noticia para luego mandarme -vía chat- un gélido "ok, buen viaje".
Una vez en Francia, y conociendo mis escasas posibilidades de quedarme un año más, me descubrí casi por instinto preocupándome por una mujer con la que he vuelto a tener la misma sensación, la de estar frente a un iceberg más duro que el Titanic o mejor: ante un muro inquebrantable e infranqueable, aún más duro que el previo. "Es mi Waterloo", pienso ahora, porque cuesta mantenerse a flote. Me gusta, quizá sea que estoy solamente obsesionado con su terquedad, pero -rayos- me gusta e incluso creo que si fuera menos cerrada podríamos tener una super relación (de amigos, de ser solo el caso), mas no se le puede pedir peras al olmo, ya que uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser... y si ese es su carácter, ni haciéndole cosquillas. Yo creo en el amor, pero no necesariamente en el amor correspondido, que son dos cosas distintas. Yo creo en que es posible dar y recibir confianza mayúscula y que cada persona tiene la capacidad de sorprender a otra y de ser mejor cada día si así lo decide (algo que me demostró la chica de la que empecé escribiendo). Con esas, nuevamente me vi con el miedo de anunciar un viaje, la distancia forzada... y lo que recibí fue algo parecido: "ok, buen viaje", aunque con un floro más extenso y políticamente correcto. Insisto, cada quién con sus manías y costumbres, cada quién con su forma de enfrentar los problemas y de mostrar sus sentimientos... pero igual, jode... porque yo me la paso muy bien con ella y está claro que la voy a extrañar mucho así no haya un viceversa... quizá uno de estos días se lo diga... quizá.

PD: Algo que me pareció demasiado cague de risa :D



Colofón: Y claro, algo obvio... aún no sé si anunciarle a la chica del inicio mi probable vuelta... pues igual, hay un poco de temor al "a mí qué me importa".

sábado, 20 de julio de 2013

Bitácora de un gato en París: Así es París, c'est la France

Lo dice mi amiguísima (y mexicanísima) Gabriela: "París es como una mujer", y yo pienso en todo lo que ello significa, sobre todo si se trata de una mujer "loca": "La puedes odiar, amar... pero siempre vas a sentir algo por ella. Te puede tratar bien, otras veces mal, pero cuando te sonríe te olvidas de todo. Es linda, sobre todo cuando se adereza. Es engreída, terca, a menudo intransigente, pero de pronto te puede mimar y hacer sentir el ser más especial del mundo por andar con ella". Terminar con París es como terminar con la persona que creías era el amor de tu vida.
Hace unos días recibí un disparo en la cien, distinto a cualquier otro que haya recibido antes (que los he recibido y sobrevivido): No me aceptaron en el Máster 2 de la universidad que me tuvo durante parte del año pasado y este 2013.
Mi primera reacción, debo admitirlo, fue ponerme triste, luego me deprimí y lo que hice fue hacer lo mismo que he hecho en París cada vez que he debido de tomar alguna decisión importante o enfrentarme a algún problema jodido: caminar. Y como siempre, desde luego, llegué hasta mi lugar favorito en esta ciudad, la Torre Eiffel, a llorar mis penas ante el gigante de hierro que he soñado con ver desde que tengo uso de razón. En ese momento estaba más tranquilo.


Cae la noche. Todo lo que he aprendido no se pierde. Quedan los recuerdos de una época linda en la que se dejó todo y se vivió con muchas ganas. Desde hace unos meses me preguntaba qué es lo que más extraño de Lima y la respuesta era siempre la misma: más allá de su gente, de MI gente, todas aquellas cosas que fueron parte de mi durante los últimos años. Es gracioso que muchas veces me haya sentido solo en París, deseando volver. Si en esos momentos me hubieran dicho "regresa a Perú", lo hubiera hecho sin dudar y sin ningún tipo de remordimiento, ya que en algunas situaciones, lejos de ser un dulce sueño, todo esto parecía una pesadilla... una pesadilla que yo mismo transformé en optimismo. Contra eso, no voy a negar que he sido muy feliz aquí y que me he enorgullecido por cada paso que he dado. Quizá no esté del todo bien adaptado, pero estoy tranquilo, y bajo ese sentimiento es mucho más complicado aceptar que si he de volver no sea por una decisión mía, sino por algo impuesto, por la horrible forma en que funciona el sistema francés y sus instituciones (las universidades, en mi experiencia), tan estresantes como un cláxon de tico sonando a dos centímetros de las orejas o una espera interminable.
"Es una pena, te voy a extrañar", me dijo anoche una amiga rumana. La expresión en su rostro, adornado por sus hermosos ojos verdes, me rompió el corazón. Fue en medio de un concierto abierto, realizado frente al Hotel de Ville de París. Yo entristecía, porque pensaba que ese tipo de cosas me iban a hacer falta: la enorme capacidad que tiene esta ciudad de sorprender y los amigos que hice a pulso. Luego fuimos a bailar a lo que se suponía era una soirée latina y nos aburrimos la mitad del tiempo ante el monótono reggaeton. Entonces pensaba: "Me hace falta el Mirador o alguno de esos lugares en Lima en los que mis patas y yo nos podemos amanecer sin aburrirnos. Me hace falta mi música. Además, allá también tengo amigos y planes".


Creo que el golpe aún duele, pero hay razones para pensar que si da lo peor -que en realidad no sería "lo peor": regresar a Perú- no es el fin del mundo. Honestamente, yo creí que iba a volver de "turista" primero y luego a quedarme definitivamente allá... y ante esta última idea siempre se me presentaba el pánico: "¿y si una vez en Lima extraño Francia?". Ergo: si estoy obligado a retornar, voy a despejar de una vez cualquier duda y si finalmente me doy cuenta que prefiero la vida europea, pues habrá que pelear por ella... y para pelear y conseguir las cosas que quiero -a excepción de las mujeres- soy un capo. De pronto, se me viene también algo que me dijo Gabriela el día en el que le conté que quizá debería partir y no nos volveríamos a ver: "No te preocupes, te aseguro que si te toca irte ahora de París nos vamos a volver a ver en algún otro momento, de repente en alguna otra parte del mundo". De pronto, también, recordé lo que me escribió Julian, un colocho buena onda, cuando se enteró de todo este asunto: "Diego, viejo, tiene que conocer Colombia. Apenas pueda, tenga por seguro que yo voy a ir a Perú".
Este viaje, esta vida aquí me ha enseñado mucho (como que el orbe es inmenso y ¡puede ser recorrido!). Sin duda soy un mejor tipo en comparación al que era hace un año. Soy mejor que ayer. Mañana seré mejor que hoy. Hay que crecer siempre: esa es la idea, sino ¿cómo se avanza?

No te animas a despegar - Charly García

miércoles, 17 de julio de 2013

Bitácora de un gato en París: Miré el cadáver

Una de Vallejo, para empezar:

Miré el cadáver, su raudo orden visible
y el desorden lentísimo de su alma;
le vi sobrevivir; hubo en su boca
la edad entrecortada de dos bocas.
Le gritaron su número: pedazos.
Le gritaron su amor: ¡más le valiera!
Le gritaron su bala: ¡también muerta!

Y su orden digestivo sosteníase
y el desorden de su alma, atrás, en balde.
Le dejaron y oyeron, y es entonces
que el cadáver
casi vivió en secreto, en un instante;
mas le auscultaron mentalmente, ¡y fechas!
lloránrole al oído, ¡y también fechas!

(3 septiembre 1937)

Y empezamos... o terminamos, queda mejor. He perdido, hoy. He ganado, durante los últimos meses. Quizá se pueda hacer algo, lo voy a intentar igual, pero es complicado. Acabo de revisar mi cuenta de correo y extrañado vi la respuesta a la maestría 2 a la que estoy postulando: negativo. Eso quiere decir que no voy a tener universidad en la cual matricularme para el siguiente año académico y, por consiguiente, no voy a poder renovar mi visa para seguir en Europa. Una pena, definitivamente, ya que siento que aún hay cosas por hacer, mas, por otro lado, regresar a mi país no me suena mal, pues he vivido como he querido. Si bien no me gusta dejar las cosas a medias, en este caso no hay mucho por quejarse de mi actuar, considerando que el propio sistema local se las arregló para cerrarme las puertas haciéndome perder tiempo y, en algunos casos, oportunidades. Ya está. Quizá se pueda hacer algo, lo voy a intentar igual, pero es complicado.
Día de la espiración de la visa: 7 de setiembre.

¿Qué hago ahora? - Silvio Rodríguez

viernes, 12 de julio de 2013

Promesa cumplida

El mes de junio del 2010 fue un mes especial para mí, pues un día de esos prometí no volverme a decir "no", nunca más, y creo que hasta el momento lo he cumplido. Es curioso: hace un par de días estuve hablando de la vida con una amiga mexicana que he aprendido a querer mucho en estos meses. Le conté que extrañaba mi país, pero que, paradójicamente, la mayor parte de las cosas que me hacen falta forman parte del camino que tracé tras aquella promesa, cosas que antes de ella no era capaz de apreciar y que incluso me desagradaban, como el ir a la playa o el salir a bailar y amanecerme en una discoteca, detalles por los que hoy cambiaría el Arco del Triunfo, y que seguro recuperaré inmediatamente apenas ponga un pie en Perú, sea en el tiempo que sea. Y pensar que en algún momento creí que Lima ya no me podía ofrecer nada... definitivamente hay que agarrarle el gusto a las cosas y aprender de todo... de todo.

Harder, better, faster, stronger - Daft Punk

jueves, 11 de julio de 2013

La chibola

Una noche del mes de junio del 2010 me la pasé genial siendo un extraño entre extraños. Recuerdo que dos días antes, una chica muy linda, bastante menor que yo, se colocó ante mí y me invitó a su fiesta de cumpleaños. Yo no la conocía nada, así que me pareció interesante la espontaneidad de la situación. Y fui, y la pasé bien, tanto que catalogué ese momento como "mi pequeña previa a París", porque en apenas unas horas toqué un poco del cielo que jamás me había permitido siquiera mirar y porque hice algo que nunca antes había efectuado: me dejé llevar.
Recuerdo que la chica se me acercó en un momento de la reunión y aplaudió mi soltura y no me dejó ir hasta que finalmente bailé un poco con ella. Luego de eso, salimos un par de veces. Debo admitir que la pasaba muy bien a su lado y que me encantaba hacerle bromas por la diferencia de nuestras edades y caminar kilómetros junto a ella solo para dejarla en la puerta de su casa, dulce, y despedirla con un beso en la mejilla prometiéndome ver alguna película de las miles que le recomendaba. Sin embargo, la relación se tornó un poco como el juego del gato y el ratón y ello me desanimó porque sentía -siento- que no estoy para perseguir a nadie, así que lo dejé ir: "solo amigos, eso estará bien... no voy a esforzarme por más".  
Seguimos en contacto, separados por algunos distritos limeños, hasta que años más tarde, como había ocurrido aquél 2010, me invitó nuevamente a una fiesta suya de cumpleaños. Fui radiante, ligeramente decepcionado por algunos desencuentros amorosos intermedios, y la vi tan linda como antaño... y la vi más segura de sí misma... y la vi más madura... y la vi acompañada de un tipo que resultó ser su enamorado y que la apretó fuerte en el momento que nos notó conversando totalmente ajenos al resto de invitados.
Aquella noche terminé en Barranco viendo como ambos se divertían y besaban. Salí del Dragón y mientras me empujaba un sánguche Monstruo me tomé el tiempo de actualizar mi estado en el Facebook: "Una oportunidad perdida", escribí. "La dejé ir", pensé. "Quizá fui demasiado perfeccionista... quizá en su momento debí de haber entrado en su juego un poco".
Me subí a un taxi hecho un perdedor total. Camino a casa vi que alguien había comentado mi lamentable mensaje: "Puede que me haya pasado lo mismo, ¿hablamos?". Eran las tres de la mañana. Después de eso comencé a salir con una mujer de mi edad, de una belleza distinta a la de la chibola, mucho más cauta y difícil de interpretar. Y nuestras citas se prolongaron hasta el día en que supe que se me abrían las puertas de Francia.

Hasta que lo pierde - Jandy Feliz