Hoy es el primer domingo de primavera en Francia. Como hizo calor todo el día y los rayos solares fueron constantes y hasta quemaban, mis colocs y yo decidimos aprovechar el buen clima y caminamos desde nuestra casa, en las afueras de la gran ciudad, hasta el corazón de París.
Lo más interesante de todo, en realidad, nos ocurrió una vez llegamos al centro, pues nos pareció que estábamos en un lugar distinto: los locales sonreían. La felicidad parecía envolverlo todo, como si la hubieran sacado de un cajón invernal, comprimida, y le hubiera explosionado a la gente en la cara, llenándola de optimismo.
No parecía existir el estrés y las chicas estaban más lindas que nunca.
En fin: Bienvenida primavera. Ojala y sea así siempre.
Ya llegó la primavera - The Sacados
domingo, 14 de abril de 2013
sábado, 13 de abril de 2013
Julio Ramón, la palabra del mudo y yo (o Él es el culpable)
Supongo que la primera vez que leí un cuento de Julio Ramón Ribeyro debe de haber sido en la escuela, probablemente "Los gallinazos sin plumas", pero seguramente, como suele pasar con las cosas que te imponen en el colegio, no le presté atención, pues mi recuerdo respecto a ese hecho es bastante flojo, casi inexistente. De su lectura mi memoria guarda imágenes más claras de mi época preuniversitaria, cuando el acto de leer era mucho más voluntario y, por ello mismo, mucho más rico. Fue un ejemplar prestado de la Colección del Sol Blanco: La palabra del mudo, el tomo IV (de 4), para ser exactos, que al hojear llamó mi atención por el curioso título de uno de sus cuentos: "Solo para fumadores". Puntualmente, la palabra SOLO, como si se tratara de algo exclusivo, algo que únicamente entendería alguien que sabe lo que es encender un cigarrillo, golpear el pucho y, a su vez, disfrutarlo. Y así conocí más íntimamente su obra.
Me encantó su "teoría filosófica y absurda" sobre el por qué de dicho hábito, su prosa, su ingenio, su capacidad para hacer cómplice al lector de sus historias, para engancharlo y presentarle a una serie de personajes sombríos, a menudo tristes, insatisfechos con su destino, y que están al acecho de la mejor oportunidad para reivindicarse con ellos mismos y con la vida, no siempre con la suerte deseada. Debo decir que me sentí identificado con sus relatos y hasta me veía representando a varios de ellos o renegando, por ejemplo, de la muerte absurda de alguno de sus protagonistas, de ser el caso, como en el último texto de aquél libro: "Los otros", parte de sus "Relatos santacrucinos". El más inmerso.
Me encantó su "teoría filosófica y absurda" sobre el por qué de dicho hábito, su prosa, su ingenio, su capacidad para hacer cómplice al lector de sus historias, para engancharlo y presentarle a una serie de personajes sombríos, a menudo tristes, insatisfechos con su destino, y que están al acecho de la mejor oportunidad para reivindicarse con ellos mismos y con la vida, no siempre con la suerte deseada. Debo decir que me sentí identificado con sus relatos y hasta me veía representando a varios de ellos o renegando, por ejemplo, de la muerte absurda de alguno de sus protagonistas, de ser el caso, como en el último texto de aquél libro: "Los otros", parte de sus "Relatos santacrucinos". El más inmerso.
... Del posible crematorio nazi en Polonia, Martha se libró para morir ahogada a los trece años en las miserables aguas de un río miserable de un país miserable.
Y entonces allí estaba yo, cruzando lecturas. Sabato, García Márquez, Kafka, Cortazar, Hemingway, Camus, Bryce Echenique, pero nunca con un vínculo tan estrecho como con Julio Ramón y aquél veintiúnico libro que tenía de él y que al cabo de un tiempo tuve que devolverle a su dueño. Quería más, o al menos tener mi propio ejemplar, pero por aquella época, como ya lo escribi, era estudiante, dependiente 100%, Internet y sus descargas no eran más que sueños en la cabeza de algún genio, y el dinero que me daban mis padres no era para textos literarios, sino para pagarme los estudios. Ahorraba, pues mi idea era comprarme la misma edición del libro, pero los cerca de 60 soles que siempre me pedían en las librerías por él -o incluso en el Jirón Quilca- tumbaban siempre mis ganas, así que al final, el poco billete que conseguía juntar se iba en mantener un sinfín de conversaciones, muchas veces literarias o filosóficas, con mi hermano y algunos de los amigos que llevaba a casa, acompañadas siempre de una detestable oferta de ron que venía con alguna bebida gaseosa (generalmente Cabo Blanco con Sprite).
En una larga mesa de madera... estaba el bar donde había cerveza para los sedientos, vino chileno para los gourmets, pisco para los borrachos, whisky para los alienados, ron cubano para los contestatarios y chicha para los indigenistas...
No me quejo de ello, ya que la buena relación que hoy tengo con mi hermano se la debo en parte a todas aquellas jornadas en las que, cuba libre en mano, nos entreteníamos citando a Ribeyro, al maestro de Bolívar (no el jabón, el Libertador) o a Erick Fromm, mientras veíamos como nuestros vasos se iban secando, nuestros rostros transformando, y como la conversación degeneraba en Coelho, "esa chica me gusta", "¿cuál? ¿la que no te da bola?", y así sucesivamente hasta que alguien, menos yo, caía rendido ante Baco.
Pero me consolé pensando que solo tenían derecho a la decadencia quienes habían conocido el esplendor... :D
Hasta que un día, como siempre ocurre en los cuentos... Hasta que un día, ya en la universidad, una amiga me invitó a participar en una feria del libro que iba a realizarse en plena cancha del Estadio de San Marcos. "La feria del libro más grande vista", rezaba el slogan, y la verdad no era gran cosa, pero cómo es de gracioso el destino, que en uno de los puestos desparramados sobre el campo vi brillar no solo aquél tomo IV de La palabra del mudo, sino también a su hermanito menor, el tomo III. Como no me costaba hacerlo, pregunté por el precio del bicho y grande fue mi sorpresa y estupor cuando el vendedor me dijo 15 soles. Era octubre, acaba de cumplir 18 años, y ¡oh! ¡maravilla!, la propina acumulada por mi santo le calzaba a la misión como anillo al dedo. "¿Los dos?", me animé a preguntar, haciéndome el comprador canchero. "Sí", me dijeron. "¿Puede quedar en 14? tu sabes, para mi pasaje...". "Mmm... bueno...". Qué loco.
Un sombrero de Napoleón, en un museo, ese sombrero guardado en una urna, está más muerto que su propio dueño.
Desde entonces ambos me han acompañado como mugre a francés, tanto así, que estuvieron de cajón en la lista de los libros que iba a traer a París, junto a otros con igual feeling, como mi favoritísimo Del Amor y otros demonios que me regaló mi hermano, un ejemplar de El amor, las mujeres y la vida de Benedetti, y un Juntacadáveres, que viajó de Argentina a mis manos, obsequio del gran Ángel Pilares, a quien extraño como la gran flauta.
Durante esta estancia en Francia, debo señalar, he tenido la oportunidad de leer nuevamente los textos de Ribeyro con un aire fresco, encontrándoles así otros significados a sus líneas y aún mayor identificación, al reconocer entre sus párrafos algunos nombres de calles parisinas, estaciones o lugares que ahora mismo me son accesibles, familiares y hasta cotidianos.
Durante esta estancia en Francia, debo señalar, he tenido la oportunidad de leer nuevamente los textos de Ribeyro con un aire fresco, encontrándoles así otros significados a sus líneas y aún mayor identificación, al reconocer entre sus párrafos algunos nombres de calles parisinas, estaciones o lugares que ahora mismo me son accesibles, familiares y hasta cotidianos.
El Citroen siguió al carro de Paradis por bulevares arbolados, sombríos y tomando la orilla del Sena se dirigió hacia Nation. En una calle que daba al bosque de Vincennes se detuvo...
Al terminar "Alienación" (lo mejor de lo mejor, pienso) hace unos días me vi teniendo un déjà vu: "París 1975", leí al final del relato y pensé: "París debe de ser un buen lugar para obtener inspiración". Y de pronto lo supe. Julio Ramón es el culpable. Si bien desde niño siempre aluciné con ver en vivo a la Mona Lisa, no fue hasta que me topé sin querer queriendo ante la obra de Ribeyro que mi sueño por pisar París se consolidó. Y ¡claro! ¡esa era la razón por la que quería escribir lo primero que me viniera a la cabeza sentado frente a la Torre Eiffel! Deseaba buscar la inspiración.
Julio Ramón es el culpable... tanto así que si lo tuviera en frente seguramente le reclamaría: "¿Cuál es tu problema? ¿en qué estabas pensando?"... no, nunca tanto... nadie es responsable de aquellas cosas que a uno le puedan pasar durante su camino, tranquilo o turbulento, hacia aquél punto en el que todos finalmente nos encontramos. Como jugando, la verdad le diría "gracias", como suelo hacerlo con todas las personas que han hecho algo por mí, sea valioso o mínimo. GRACIAS, tan simple. "Gracias", si leíste todo el post, por ejemplo... y si lo que quieres es hacer a un amigo feliz, pues aún no tengo en casa a los sobrinos del tomo IV, los tomos I y II. Ya la imaginación hará el resto.
Julio Ramón es el culpable... tanto así que si lo tuviera en frente seguramente le reclamaría: "¿Cuál es tu problema? ¿en qué estabas pensando?"... no, nunca tanto... nadie es responsable de aquellas cosas que a uno le puedan pasar durante su camino, tranquilo o turbulento, hacia aquél punto en el que todos finalmente nos encontramos. Como jugando, la verdad le diría "gracias", como suelo hacerlo con todas las personas que han hecho algo por mí, sea valioso o mínimo. GRACIAS, tan simple. "Gracias", si leíste todo el post, por ejemplo... y si lo que quieres es hacer a un amigo feliz, pues aún no tengo en casa a los sobrinos del tomo IV, los tomos I y II. Ya la imaginación hará el resto.
Era una noche espléndida. Levantando su violín lo encajó contra su mandíbula y empezó a tocar para nadie, en medio del estruendo. Para nadie. Y tuvo la certeza de que nunca lo había hecho mejor.
Heros - The Wallflowers
Heros - The Wallflowers
viernes, 12 de abril de 2013
Ya no
Bastante intenso, en verdad, duro... y aunque triste, interesante. Las cosas que uno encuentra gracias a la suerte, la insistencia y a Google: Elena Idea Vilariño Romani nació en Montevideo en 1920... Escribió para las revistas Clinamen y Número, esta última codirigida junto a Mario Benedetti...
Ya no - Idea Vilariño
Ya no será,
ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa, no te tendré de noche
no te besaré al irme, nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.
Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.
PD: El olvido - Idea Vilariño
Cuando una boca suave boca dormida besa
como muriendo entonces,
a veces, cuando llega más allá de los labios
y los párpados caen colmados de deseo
tan silenciosamente como consiente el aire,
la piel con su sedosa tibieza pide noches
y la boca besada
en su inefable goce pide noches, también.
Ah, noches silenciosas, de oscuras lunas suaves,
noches largas, suntuosas, cruzadas de palomas,
en un aire hecho manos, amor, ternura dada,
noches como navíos...
Es entonces, en la alta pasión, cuando el que besa
sabe ah, demasiado, sin tregua, y ve que ahora
el mundo le deviene un milagro lejano,
que le abren los labios aún hondos estíos ,
que su conciencia abdica,
que está por fin él mismo olvidado en el beso
y un viento apasionado le desnuda las sienes,
es entonces, al beso, que descienden los párpados,
y se estremece el aire con un dejo de vida,
y se estremece aún
lo que no es aire, el haz ardiente del cabello,
el terciopelo ahora de la voz, y, a veces,
la ilusión ya poblada de muertes en suspenso.
No me nombres - Javier Calamaro / Andrés Calamaro
Ya no - Idea Vilariño
Ya no será,
ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa, no te tendré de noche
no te besaré al irme, nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.
Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.
PD: El olvido - Idea Vilariño
Cuando una boca suave boca dormida besa
como muriendo entonces,
a veces, cuando llega más allá de los labios
y los párpados caen colmados de deseo
tan silenciosamente como consiente el aire,
la piel con su sedosa tibieza pide noches
y la boca besada
en su inefable goce pide noches, también.
Ah, noches silenciosas, de oscuras lunas suaves,
noches largas, suntuosas, cruzadas de palomas,
en un aire hecho manos, amor, ternura dada,
noches como navíos...
Es entonces, en la alta pasión, cuando el que besa
sabe ah, demasiado, sin tregua, y ve que ahora
el mundo le deviene un milagro lejano,
que le abren los labios aún hondos estíos ,
que su conciencia abdica,
que está por fin él mismo olvidado en el beso
y un viento apasionado le desnuda las sienes,
es entonces, al beso, que descienden los párpados,
y se estremece el aire con un dejo de vida,
y se estremece aún
lo que no es aire, el haz ardiente del cabello,
el terciopelo ahora de la voz, y, a veces,
la ilusión ya poblada de muertes en suspenso.
No me nombres - Javier Calamaro / Andrés Calamaro
domingo, 7 de abril de 2013
Bitácora de un gato en Londres: London calling
Y llegamos a Londres. De arranque, la gente sonríe y respeta al otro. Las mujeres no son tan lindas como en París, pero tienen un par de razones para llamar la atención... como su gracioso caminar sobre tacos y su aparente indiferencia al frío que les hace vestir con prendas más que invernales, primaverales. Por donde se mire hay verde y, si se tiene suerte (como yo la tengo) se puede tener un bosque inmenso -como distrito limeño- en el jardín de tu casa.
La vida funciona como reloj... la hora inglesa, desde luego... y el British Museum es algo tan impresionante que uno se puede perder dentro (literalmente).
La vida funciona como reloj... la hora inglesa, desde luego... y el British Museum es algo tan impresionante que uno se puede perder dentro (literalmente).
Ahora entiendo porque aquí terminó un paisano mío llegado from deepest, dark Perú.
London calling - The Clash
jueves, 4 de abril de 2013
Bitácora de un gato en Liverpool: La ciudad roja
Una de las cosas que más me llama la atención en Inglaterra es el color rojo que tiñe muchos de sus edificios. Si en París el blanco es el color que domina la mayor parte de sus casas, en lo que he visto aquí es el marrón y los tintes rojos, algo que pude ver incluso desde el avión.
Hoy tocó Liverpool y mucho de estos edificios rojos, sobrevivientes a la revolución industrial, pegados a un río enorme, el más grande que he visto hasta ahora: el río Mersey. A su lado, en un restaurante super nice, tuve la oportunidad de probar el tradicional fish and chips, que es básicamente pescado rebozado acompañado de papas fritas.
Sorteando a tipos amables, ingleses, con un acento raro, muy difícil de entender, llamado "scouse", mi guía en estas tierras (mi hermana) y yo llegamos ante el museo de los Beatles y entramos a pasarla bien. Una pena que no pudiéramos tomar el "Yellow Duckmarine", un tour por la ciudad llevado sobre un vehículo anfibio que eventualmente entra al Mersey.
Yellow submarine - The Beatles
Hoy tocó Liverpool y mucho de estos edificios rojos, sobrevivientes a la revolución industrial, pegados a un río enorme, el más grande que he visto hasta ahora: el río Mersey. A su lado, en un restaurante super nice, tuve la oportunidad de probar el tradicional fish and chips, que es básicamente pescado rebozado acompañado de papas fritas.
Sorteando a tipos amables, ingleses, con un acento raro, muy difícil de entender, llamado "scouse", mi guía en estas tierras (mi hermana) y yo llegamos ante el museo de los Beatles y entramos a pasarla bien. Una pena que no pudiéramos tomar el "Yellow Duckmarine", un tour por la ciudad llevado sobre un vehículo anfibio que eventualmente entra al Mersey.
Yellow submarine - The Beatles
miércoles, 3 de abril de 2013
martes, 2 de abril de 2013
Se salió el mar
Bueno, nunca tanto...
AVISO de servicio público: esto es más mío que nunca.
Hubo un tiempo en que todos éramos inocentes, en que ser amigo de alguien significaba únicamente correr a su lado, sonreir, pasarla bien. Cuando niño, uno aprende jugando, oliendo, saborenado, riéndo y llorando... cuando crecemos es la misma cosa, solo que hay una carga más pesada, algo que, honestamente, ahora mismo no estoy en condiciones de racionalizar... cuando se es joven y se quiere a alguien no hay tantas heridas, porque en el recuerdo solo hay una persona y eso es todo... pero pasan los años, las cicatrices acumuladas, la gente perdida, y uno se guarda dentro de una fortaleza... se aprende, quizás ya de otra forma, y las relaciones adquieren un sentido menos altruista o sincero, se condicionan: "te quiero porque te necesito", en su mayoría, y pocos se dan cuenta de ello, porque es más fácil vivir sobre una mentira piadosa.
Si escribo esto es porque una amiga me pidió hacerlo, porque a veces es mejor agarrar una emoción fresca, darle con palo, y luego de un tiempo, con la tranquilidad de bandera, pues analizar lo ocurrido para decirte qué idiota fui, realmente tuve la razón, o lo que fuera...
Y vamos...
Cuando la chica del helado y yo estábamos "peleados", me deprimía. Me la pasaba pensando por qué era que una relación tan estrecha y fuerte se había convertido en nada, y cuando nos volvimos a acercar, luego de más de cinco años, y conseguimos volver a tener una buena amistad, pues sentí con ganas que había recuperado parte de mi corazón, como si se lo hubiera dejado en consignación. Voilà un final feliz, aunque costara mucho, mucho, haaartos meses alcanzarlo.
No me gusta estar peleado con alguien. Lo detesto. Por ello, cuando sé que he cometido una falta, hago lo posible por arreglar el problema, así me manden al carajo una u otra vez, pero al revés no siempre funciona. Aunque le pueda decir a la persona que me defraudó o al mundo que no quiero saber nada de ella, en el fondo me muero de ganas de que, a pesar de mi supuesta postura indomable, se las ingenie para llegar hasta mí. Pienso: si la regó, que recupere mi confianza. Si es importante para ella, pues lo hará a pesar de mi cara de poto... y si lo hace, si se acerca con una disculpa sincera, no queda otra que decirle "bienvenida a casa". Esto lo deberían saber quienes de verdad me conocen: que es sencillo, muy sencillo, "jugar" conmigo. Pero, ¿qué pasa si esa persona no se acerca nunca y, por el contrario, se aleja cada vez más hasta convertirse en un fantasma? Simple: nunca tomó la relación como algo por lo que valiera la pena pelear, y que se vaya a la puta madre, ¿no?
Hoy desperté con el humor bastante bajo y como mandado a hacer, vi más tarde una foto de una ex, relativamente reciente, que representaba la alegría que tuvo durante su última visita a Lima. Estaba al lado de uno de mis mejores amigos... eso me llegó a la punta del huevo derecho (por el contexto, más que por el mero hecho), pero no tanto como ver que al otro costado se encontraba una tipa, una que a mi ex y a mi, cuando aún éramos novios, nos había clavado un puñal por la espalda, digámoslo así. Por cuestiones de orgullo, honor y cuidado, convenimos entonces en no volver a confiar en ella... y entonces, como por una suerte de revancha, ahí estaba ahora, multicolor, cagándose de risa en mitad de una discoteca limeña, abrazándose al cuello de una persona a la que quise como a mí mismo y que hoy en día es Gasparín.
Me dio cólera y luego pena cuando comparé la situación con lo vivido junto a la chica del helado, pero lo que más me palteó fue verme llorando sin saber a ciencia cierta por qué era que las lágrimas mojaban mi rostro. Era como si mi cuerpo supiera algo que mi cabeza no entendía, pues racionalmente repetía: "Aquellas personas que te han hecho daño no merecen estar más a tu lado". Claro está, pero igual jode. Y ahora, que ya mandé todo a la porra, gracias al poder exfoliante de la escritura y al saber que mañana voy a pisar Manchester y a olvidarme por un tiempo de que existe París, recuerdo sonriente una frase: "Ninguna de nosotras merece tus lágrimas". Me la dijeron en una fiesta hace 15 años. Yo estaba medio transtornado, porque la chica que me gustaba estaba bailando con otro, y pensaba que era mejor regresar a mi casa. De pronto, la hermana del anfitrión se me acercó y me preguntó si me sentía bien. Le dije "no", y como si supiera la fuente de ese mal genio, añadió: "Ninguna de nosotras merece tus lágrimas, recuérdalo. Tu eres un buen chico y te mereces lo mejor del mundo". La historia de mi vida...
Hallazgo de las piedras - Silvio Rodríguez
AVISO de servicio público: esto es más mío que nunca.
Hubo un tiempo en que todos éramos inocentes, en que ser amigo de alguien significaba únicamente correr a su lado, sonreir, pasarla bien. Cuando niño, uno aprende jugando, oliendo, saborenado, riéndo y llorando... cuando crecemos es la misma cosa, solo que hay una carga más pesada, algo que, honestamente, ahora mismo no estoy en condiciones de racionalizar... cuando se es joven y se quiere a alguien no hay tantas heridas, porque en el recuerdo solo hay una persona y eso es todo... pero pasan los años, las cicatrices acumuladas, la gente perdida, y uno se guarda dentro de una fortaleza... se aprende, quizás ya de otra forma, y las relaciones adquieren un sentido menos altruista o sincero, se condicionan: "te quiero porque te necesito", en su mayoría, y pocos se dan cuenta de ello, porque es más fácil vivir sobre una mentira piadosa.
Si escribo esto es porque una amiga me pidió hacerlo, porque a veces es mejor agarrar una emoción fresca, darle con palo, y luego de un tiempo, con la tranquilidad de bandera, pues analizar lo ocurrido para decirte qué idiota fui, realmente tuve la razón, o lo que fuera...
Y vamos...
Cuando la chica del helado y yo estábamos "peleados", me deprimía. Me la pasaba pensando por qué era que una relación tan estrecha y fuerte se había convertido en nada, y cuando nos volvimos a acercar, luego de más de cinco años, y conseguimos volver a tener una buena amistad, pues sentí con ganas que había recuperado parte de mi corazón, como si se lo hubiera dejado en consignación. Voilà un final feliz, aunque costara mucho, mucho, haaartos meses alcanzarlo.
No me gusta estar peleado con alguien. Lo detesto. Por ello, cuando sé que he cometido una falta, hago lo posible por arreglar el problema, así me manden al carajo una u otra vez, pero al revés no siempre funciona. Aunque le pueda decir a la persona que me defraudó o al mundo que no quiero saber nada de ella, en el fondo me muero de ganas de que, a pesar de mi supuesta postura indomable, se las ingenie para llegar hasta mí. Pienso: si la regó, que recupere mi confianza. Si es importante para ella, pues lo hará a pesar de mi cara de poto... y si lo hace, si se acerca con una disculpa sincera, no queda otra que decirle "bienvenida a casa". Esto lo deberían saber quienes de verdad me conocen: que es sencillo, muy sencillo, "jugar" conmigo. Pero, ¿qué pasa si esa persona no se acerca nunca y, por el contrario, se aleja cada vez más hasta convertirse en un fantasma? Simple: nunca tomó la relación como algo por lo que valiera la pena pelear, y que se vaya a la puta madre, ¿no?
Hoy desperté con el humor bastante bajo y como mandado a hacer, vi más tarde una foto de una ex, relativamente reciente, que representaba la alegría que tuvo durante su última visita a Lima. Estaba al lado de uno de mis mejores amigos... eso me llegó a la punta del huevo derecho (por el contexto, más que por el mero hecho), pero no tanto como ver que al otro costado se encontraba una tipa, una que a mi ex y a mi, cuando aún éramos novios, nos había clavado un puñal por la espalda, digámoslo así. Por cuestiones de orgullo, honor y cuidado, convenimos entonces en no volver a confiar en ella... y entonces, como por una suerte de revancha, ahí estaba ahora, multicolor, cagándose de risa en mitad de una discoteca limeña, abrazándose al cuello de una persona a la que quise como a mí mismo y que hoy en día es Gasparín.
Me dio cólera y luego pena cuando comparé la situación con lo vivido junto a la chica del helado, pero lo que más me palteó fue verme llorando sin saber a ciencia cierta por qué era que las lágrimas mojaban mi rostro. Era como si mi cuerpo supiera algo que mi cabeza no entendía, pues racionalmente repetía: "Aquellas personas que te han hecho daño no merecen estar más a tu lado". Claro está, pero igual jode. Y ahora, que ya mandé todo a la porra, gracias al poder exfoliante de la escritura y al saber que mañana voy a pisar Manchester y a olvidarme por un tiempo de que existe París, recuerdo sonriente una frase: "Ninguna de nosotras merece tus lágrimas". Me la dijeron en una fiesta hace 15 años. Yo estaba medio transtornado, porque la chica que me gustaba estaba bailando con otro, y pensaba que era mejor regresar a mi casa. De pronto, la hermana del anfitrión se me acercó y me preguntó si me sentía bien. Le dije "no", y como si supiera la fuente de ese mal genio, añadió: "Ninguna de nosotras merece tus lágrimas, recuérdalo. Tu eres un buen chico y te mereces lo mejor del mundo". La historia de mi vida...
Hallazgo de las piedras - Silvio Rodríguez
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