sábado, 25 de mayo de 2013

Imagen ajena

A partir de lo que pasó hace unos días con una foto antigua... y como la nostalgia es recontra abusiva (como Lucecita Cevallos :D)... pues me metí a los rincones más oscuros de mi computadora y encontré algunos recuerdos, pintados a través de imágenes, algunas bastante viejas. Los personajes bailaron entonces en mi cabeza, las historias se presentaron claras y los detalles (para los que soy bastante bueno) se fueron sucediendo unos tras otros. Como siempre digo: "Esta memoria es una de mis más grandes virtudes, pero, al mismo tiempo, es uno de mis defectos más molestos. Yo nunca olvido, ni lo bueno, ni lo malo".
Lo más mono fue toparme con una fotografía de mi -que en paz descanse- mascota Daro. Tomada con mi poderosa Nikon FG durante la Noche Buena del 2008. Un rollo malogrado le dio un efecto bastante divertido:


Las demás: imágenes de ex novias, abrazadas a mi, en algún evento del tipo matri, o comiendo en casa, junto a mis padres; fotos de cuando era niño o de cuando mis amigos o familia eran más jóvenes, cosas que pensé había eliminado o que se habían perdido. En fin, un baúl de souvenirs... de otros tiempos, no necesariamente mejores. Pero cómo son las fotos, que tienden a ocasionar un efecto melancólico y, al mismo instante, robarte una sonrisa, aunque es claro que la gente difícilmente va a llorar frente a una cámara, por lo que el contexto en el que se dan son, por lo general, de pura alegría... Lo cierto es que uno nunca sabe que hay detrás de una risa congelada, qué pasó antes... qué pasó después... cómo se sentía el retratado, cómo se encontraba su alma.

Imagen ajena

Qué revolución
te hará volver
de aquella
sombra clandestina
en la que se oculta también
tu vanidad,
ahora que te encuentras
en el silencio ambiguo
de la distancia,
y entre la claridad irreprochable
de un, apenas un
recuerdo.

Dime,
quién te hará sentir
la más especial
de las creaciones
siendo simplemente
un corazón herido,
entre tantos.

Mientras sonríes,
la noche te rescata
con su canto alegre
¡oh!, himno fúnebre, para mí
por ser sombrío
y contundentemente lejano,
a diferencia de la hipocresía
que en ti
el orgullo inició,
primero como un gemido breve,
después,
como un torrente
serpentino y celoso.

Tu imagen ajena
es una fotografía prestada
donde el abrazo, amigo
brindas descontrolada y cómodamente,
a otros, a otros.
Y si creo que vuelves,
con terciopelo y almendras
qué esperanza más ruin
pienso luego, que asecha
pues no seremos nunca más
los fieles sirvientes
de nuestros segundos
en casuales encuentros,
ni las esperanzas
que algún día fomenten
nuestra conciliación irreparable.

En aquella postura congelada
te encuentro tan hermosa
como siempre, como siempre
mas sin embargo,
a través del químico y el color
tu piel no sabrá a la suavidad soberbia,
ni tu aroma al sutil paradigma
de mil flores salvajes.

Ahora lejos, muy lejos
divagarán las correspondencias,
los caramelos sin dulce,
la rabia,
la nostalgia.

En tanto, aquí
se detendrán las agitaciones
cerca, muy cerca, creo
para revoluciones, las de antaño
las que en paz guardan
tu bella gracia
en mi cabeza, en mi memoria.

Lima, 21 de octubre de 2006


Para no verte más - La Mosca Tse Tse

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