sábado, 17 de noviembre de 2012

Aubade

La víspera del festival tuyo 
fue una amalgama
de inciertos y desdichas, 
fraguada en tiempos
y en espacios abiertos. 
Estaciones sin calma, desordenadas, 
como si su conclusión fuera cosa 
de jamás dar la cara. 
Queriendo un cariño frenar, 
otro rodeo el patíbulo
de sus besos, 
y apareciste
inmaculada
en magna epifanía 
sufriendo un destino de tristes dudas 
que de repente se volvieron 
canto y optimismo. 
Pude contar las líneas en tus manos, 
los gestos innecesarios,
las calmas
que culminaron en tormentas. 
Pude respirar del calor de tu confianza, 
del soplo de los sueños compartidos, 
del aliento de las tormentas 
que terminaron en calmas. 
Y una noche se cruzaron
los fantasmas 
que andaban dormidos. 
Y una noche, 
que duró veinte años 
o veinte días 
o veinte horas 
o veinte minutos, 
o tal vez, segundos… 
se revocaron la confianza 
y la certidumbre. 
Y una noche, 
que duró una noche, solo eso, 
fuimos nuestros hogares, 
con sus rutinas y sosiegos, 
nuestros puntos de llegada, 
la confirmación de todo aquello 
que nos hacía falta, 
un tesoro sin tierra encima, 
un corazón descubierto,
débil y poderoso, 
de cara al cielo. 
Con su mañana, el día 
dejó partir al silencio
de oscuridad clandestina, 
y como una melodía que acaba, 
tal como hace la vida, 
el festival concluyó fragante, 
rematado sin escrúpulo alguno. 
Lo que quedó exenta de gloria 
fue la resaca del pasado, 
un recuerdo sin nombre, 
una sonrisa que finge orgullo y otra 
que se derrite de esperanza.

París, 16 de noviembre de 2012

Aubade - Stray Ghost

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